La pierna amputada a la espera de que su dueño la recupere tendrá que ser recogida finalmente por una funeraria, ya que el paciente al que se la amputaron no ha ido a por ella.

Es así porque ya ha pasado el plazo que marcaba el requerimiento publicado en el Boletín Oficial del País Vasco, por el que se solicitaba a un paciente a retirar "restos humanos" del hospital del Bidasoa, en Hondarribia (Guipúzcoa). En la morgue de ese hospital sigue el miembro amputado, según confirman funerarias de la zona.

De dichos restos, una pierna que le había sido amputada este verano, debía hacerse cargo su propietario, pero al no ir a por ella, el hospital hizo esa reclamación pública. Tras no recogerla, el paciente tendrá que pagar una multa.

Ahora, será la administración pública la que asuma el coste de su recogida y desaparición, para lo que tendrá que publicar una licitación para solicitar presupuesto a las funerarias de la zona.

Según explica Carlos Fernández, director del tanatorio de Irún, el coste de incinerar una pierna está en unos 1500 euros con el IVA, y normalmente es el paciente quien lo debe pagar de su bolsillo, aunque algunas personas deciden no hacerlo porque el coste de la multa es inferior al del servicio.

En esos casos, y según especialista, cuando la persona no dispone de medios entran en juego los servicios sociales, que se hacen cargo del pago de la desaparición de la extremidad, ventaja de la que, asegura, muchas personas abusan.