Una jornada más

La peregrinación al trabajo: Simón invierte hasta 50 jornadas invisibles al año en llegar a su oficina

Los detalles Aunque algunos tienen el privilegio de trabajar desde casa o muy cerca del trabajo, otros tienen que emplear una o incluso dos horas de su tiempo libre en ir y volver. Tiempo que no está remunerado.

La peregrinación al trabajo: Simón invierte hasta 50 horas al año en llegar a su oficina.
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Terminan las vacaciones para muchas y muchos y, en nada, si es que no les ha tocado ya, hay que volver al trabajo. Y, por tanto, también volver a coger el coche, la moto o el transporte público en un trayecto que muchas veces es más una peregrinación.

Este es el ejemplo de Simón. Cuando sale de trabajar y se dirige a su casa primero se monta en un autobús y luego hace un trasbordo al metro para llegar a su barrio. Un trayecto que le lleva una hora cada día y que se suma a la que se ha hecho a la ida.

En total, dos horas por día. Y él, que trabaja cinco días a la semana, implica que hace una jornada laboral cada cuatro días. En un año, Simón hará más de 50 jornadas invisibles viajando al trabajo. Y hay casos incluso más extremos.

Algunos utilizan hasta dos horas, tiempos de espera incluidos, en poder llegar a su lugar de trabajo. Tiempo por el que no se cobra y tampoco se disfruta porque la distancia entre trabajo y casa influye y mucho en cómo vivimos.

Por ello, se pueden considerar afortunados aquellos como Pablo, que solo tarda seis minutos en llegar a su puesto: "Es una cuestión de calidad de vida, no estar lidiando con atascos, horas puntas... El hecho de estar al lado del trabajo te permite habitar el barrio mucho más. Que tu centro de trabajo y casa estén más interconectados".

Porque esos viajes son un paseo para algunos, una jornada más para otros.