Los padres de Eugenia, una bebé de 13 meses que se atragantó con el tapón de una botella de refresco, vivieron una auténtica pesadilla. Fueron minutos de angustia hasta que la pequeña volvió a respirar.

Todo ocurrió mientras comían y, en un despiste de los padres, la pequeña se metió el tapón en la boca. Aliviado, un día después, el padre ha relatado a laSexta cómo lo vivieron. "Le abrí la boquita y miré el tapón en la garganta", recuerda.

Angustiados, intentaron ayudarla dándole la vuelta, pero no reaccionaba. La bebé empezó a mostrar signos de desesperación, se movía, pero no podía sacar el tapón de su garganta.

Los padres salieron entonces corriendo, con la bebé en brazos, en dirección al hospital, pero se quedaron atrapados en el ascensor. Ahí sí, pensaron que su hija se moría. "Estábamos los tres llorando, mi mujer en el suelo, la niña con la cara ensangrentada", relata el padre, que asegura que fueron los peores minutos de su vida.

Cristina, una vecina que vive justo arriba, fue quien escuchó los gritos y quien avisó a los bomberos. A su llegada atendieron a la niña y comprobaron que respiraba, aunque de forma agónica. Estaba muy cansada, "cianótica", según la jefa de guardia del Samur-PC. Debían extraerle el tapón y lo consiguieron con unas pinzas especiales y el laringoscopio.

"Gracias a toda esta ayuda, está viva", reconoce el padre, cuando ya ha pasado lo peor y la bebé se recupera en el hospital. Para los equipos de emergencia, "fue una suerte que se quedasen atrapados" para así poder atenderlos in situ.

Así, recuerdan que ante este tipo de casos lo primero es llamar a emergencias y mantener la calma. Y fundamental: no intentar sacar un objeto cuando obstruye una vía aérea porque se pueden causar lesiones o incluso empujar el objeto más adentro.

El protocolo para actuar es dar cinco golpes interescapulares y hacer cinco compresiones si ya no respira, esto mientras esperamos a que lleguen los servicios de emergencias.