Día de Reyes 2026
El origen del roscón de Reyes (y por qué lleva haba y figurita)
Un dulce con más de dos mil años de historia que no nació como postre navideño. Te contamos la bonita historia detrás del mejor postre, desayuno y merienda para el 6 de enero (y todas las Navidades 😋).

Cada 6 de enero, el roscón de Reyes vuelve a ocupar un lugar central en desayunos y meriendas de toda España. Decorado con frutas escarchadas, azúcar y, en muchos casos, relleno de nata o trufa, es uno de los símbolos más reconocibles del Día de Reyes. Sin embargo, su popularidad actual es el resultado de una larga evolución histórica que va mucho más allá de la tradición cristiana y del relato bíblico de la Epifanía.
Detrás del origen del roscón de Reyes hay siglos de cambios culturales, celebraciones paganas, adaptaciones religiosas y juegos sociales. También hay dos elementos clave (el haba y la figurita) cuya presencia no es casual y cuya historia explica por qué este dulce sigue despertando expectación cada año.
Te contamos todo sobre el origen del delicioso roscón de Reyes.
Un origen antiguo: el roscón y las Saturnales romanas
Aunque hoy se asocia directamente al 6 de enero, el roscón tiene su raíz en las Saturnales romanas, unas fiestas celebradas en diciembre en honor al dios Saturno. Durante esos días se elaboraban tortas circulares endulzadas con miel y frutas, cuya forma simbolizaba el ciclo anual, la abundancia y la renovación del sol tras el solsticio de invierno.
Estos dulces no tenían carácter religioso y se repartían entre ciudadanos y esclavos como gesto de igualdad temporal. Este contexto festivo y popular es el verdadero antecedente del roscón, una tradición pagana que siglos después sería reinterpretada dentro del calendario cristiano.
La Edad Media y la llegada del haba
El primer elemento simbólico documentado dentro del roscón es el haba, que comenzó a introducirse en Europa entre los siglos XII y XIII. En Francia y en la península ibérica se escondía un haba seca dentro del pastel como parte de un juego conocido como el "rey del haba".
Quien encontraba el haba era proclamado "rey" de la celebración por un día, aunque en algunas variantes también asumía la obligación de pagar el dulce en la siguiente reunión. Esta costumbre se popularizó especialmente entre la nobleza y la burguesía y quedó asociada de forma estable a las celebraciones de enero.
De tradición pagana a dulce del Día de Reyes
Con el paso del tiempo, la Iglesia fue integrando celebraciones paganas en el calendario cristiano. El roscón pasó así a vincularse con la Epifanía, convirtiéndose progresivamente en el postre del Día de Reyes. Ya en el siglo XIX, su consumo el 6 de enero era habitual en España, aunque la receta y los ingredientes variaban según la región.
Fue en este periodo cuando el dulce empezó a consolidar su identidad actual, manteniendo la forma circular y el simbolismo heredado, pero adaptándose al contexto religioso y social del momento.
La figurita: un añadido tardío y decisivo
A diferencia del haba, la figurita del roscón de Reyes es un elemento relativamente moderno. Su introducción se sitúa a finales del siglo XIX en Francia. La versión más extendida cuenta que un cocinero decidió esconder una pequeña figura o moneda en el interior del pastel como sorpresa, una idea que tuvo una rápida aceptación.
La costumbre se extendió pronto a España y, durante el siglo XX, quedó fijado el esquema actual: el haba identifica a quien paga el roscón y la figurita simboliza la suerte o el "ganador". Este doble juego sigue siendo uno de los mayores atractivos del dulce.
Un dulce que es mucho más que un postre
El roscón de Reyes ha sobrevivido más de dos mil años porque combina simbolismo romano, rituales medievales, adaptación cristiana y un componente lúdico que invita a compartir. No es solo un dulce navideño: es un ritual colectivo que conecta generaciones y convierte cada corte en un pequeño acontecimiento.
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