Todo comienza con una llamada desde un número oculto. Los falsos secuestradores imitan la voz del supuesto rehén para presionar a su familia. Intentan así generar una situación de bloqueo y angustia.

El objetivo es que las víctimas de esta estafa telefónica paguen el supuesto rescate antes de colgar el teléfono. Si no envían el dinero de inmediato, su familiar será torturado.

En menos de un mes, la Policía Nacional ha contabilizado medio centenar de víctimas. Aunque solo dos de ellas llegaron a pagar por un falso rescate. "Siempre piden 10.000 euros y el pago se tiene que hacer en efectivo en un centro comercial cercano", explica Alberto Carba, jefe de Sección de Secuestros de Policía Nacional.

Los agentes ya están detrás de estos delincuentes con marcado acento sudamericano. Si reciben una llamada similar, desconfíen y avisen al 091.