Los datos desmienten que en Europa estemos inmersos ahora mismo en una crisis migratoria. Nada tienen que ver las imágenes del punto álgido de esa crisis, en 2015, con las de ahora. Del millón de migrantes y refugiados llegados entonces por el Mediterráneo hemos ido cayendo a los 172.000, el año pasado, o unos 42.000 en lo que llevamos de este.

Las cifras también desmontan el argumento de que los migrantes son una carga y ahondan las crisis económicas. "Los movimientos de personas generan un beneficio neto a las ciudades y países de acogida", ha explicado Eva Garzón, responsable del departamento de Migraciones Globales de Oxfam.

Lo que sí hay, según han advertido hasta en la Comisión Europea, es una crisis de valores y de gestión política que populistas como el italiano Salvini o los austríacos y húngaros están utilizando. Agitando un avispero que, tal y como ha advertido la canciller alemana, puede ser el que acabe con la misma Unión Europea.

Por eso, España capitanea, junto a Francia y la propia Alemania, la búsqueda de una solución común y solidaria a un desafío común y de largo recorrido. Lo ha dicho muy claro Sánchez en Bruselas; también lo han hecho en España sus ministras. "Se necesita más apoyo y que ningún país se escaquee", se ha expresado la titular de Trabajo, Magdalena Valerio, en referencia a la situación de inmigración en la Unión Europea.

Proponen, aparte de más cooperación con los países de origen, crear centros comunitarios de procesamiento para la inmediata reubicación de los que vayan llegando. Frente a este plan, ven los sombríos planes abanderados por varios eurosocios: un 'Guantánamo para migrantes' fuera de Europa.