Jessica Share decidió tener hijas con su mujer, para lo que acudieron a un banco de esperma, dónde la madre biológica buscó a un donante similar a su pareja: que le gustasen los deportes, con una estatura y peso determinado y que hubiera estudiado literatura.

Nueve meses después del nacimiento de Alice, la primera de sus hijas, decidieron que querían volver a ser madres con el mismo donante, aunque en este caso sería la pareja de Jessica la que se quedaría embarazada. Tan solo un año después de tener al segundo bebé la mujer de Jessica decidió acabar con la relación.

Alice continuó viendo a la expareja de Jessica hasta que, cuando la menor cumplió 11 años, la madre adoptiva decidió evadirse de cualquier contacto con ella; fue en ese momento cuando la niña comenzó a interesarse por la identidad de su padre biológico.

Aaron Long era el nombre del padre, Jessica y Alice pudieron dar con él tras hacerse las pruebas de ADN, y la madre le buscó por redes sociales hasta que consiguió encontrarle: un hombre apasionado por la literatura residente en la ciudad de Seattle, Estados Unidos.

A raíz de ello, la madre de Alice fue entablando una relación por redes con el padre de su hija, hasta el punto de que ambas decidieron mudarse a Seattle para vivir junto a él. Además, Alice fue conociendo a otros hijos biológicos de su padre, con los que ahora mantiene una bonita relación.