Los profesores y profesoras de edades avanzadas o con patologías previas que les hacen ser más vulnerables frente a la pandemia coronavirus afrontan el curso con una mayor preocupación.

Es el caso de José, un profesor que en cuestión de horas comenzará su trabajo en un aula de Madrid. El problema es que tiene una patología que le deja desnudo frente al COVID-19, ya que su cuerpo es incapaz de generar escudo alguno.

Dará clases a alumnos que tienen necesidades especiales y con los que resulta a veces imposible mantener la distancia de seguridad. Empezar el curso en mitad de una pandemia le genera preocupación y "desasosiego", asegura.

También denuncia la desprotección Cristina, una profesora de instituto que sigue un tratamiento que afecta a sus defensas. Más de una veintena de estudiantes le esperan en un aula en la que, dice, no se respeta el metro y medio de distancia por falta de espacio.

Este el panorama al que se enfrentan, como Cris y José, los profesores de esos grupos de riesgo que fijó el Ministerio de Sanidad y para los que se recomendaba adaptar su puesto de trabajo e incluso eximirles de la tarea en los casos graves.

Pero los sindicatos denuncian que la hora de la verdad no hay medidas concretas. Por un lado, hay comunidades en las que basta un informe médico, como piden las organizaciones, pero en otras exigen que sean los profesores quienes gestionen por su cuenta su baja laboral.

Los docentes afectados y los sindicatos creen que cuidar al profesorado y reubicarlo cuando sea necesario debería ser "una cuestión social" y no una batalla individual que deba librar cada profesor.