Las familias con residentes en centros de mayores siguen teniendo miedo y, de cara a la Navidad, muchas dudas: abandonar el centro por tan solo unas horas entraña un alto riesgo, pero sus mayores llevan ya muchos meses privados de un contacto muy necesario con sus familias.

"Nos tememos que llegará enero y febrero, tendremos la tercera ola unida a la gripe estacional y ¿quién se va a quedar fuera del sistema? Los mismos", lamenta María José Carcelén, presidenta de la Coordinadora de Residencias 5+1, cuya madre contrajo el coronavirus en la primera ola.

Afortunadamente, ella logró superarlo, pero como otros muchos ancianos, sufre terribles secuelas emocionales. "Ha sido devastador, personas que caminaban ya no caminan, personas que interactuaban con su familia ahora ya no lo hacen", denuncia Carcelén, que asevera que "han salido todos absolutamente tocados".

Para ella, el contacto con la familia ahora es esencial. "Hay que hacer un trabajo intensivo de recuperación y, desde luego, el mantenimiento de las visitas es absolutamente básico", afirma.

Precisamente, Amnistía Internacional ha denunciado la vulneración del derecho a la vida privada y familiar en las residencias. De acuerdo con la organización, hasta cinco derechos humanos se han vulnerado en los centros durante la pandemia.

"Todavía no está garantizado plenamente el derecho que tienen las personas en las residencias de tener contacto con sus familias, vía telemática, presencial o como sea", asevera Ignacio Jovtis, responsable del Área de Investigación y Políticas de Amnistía Internacional.

¿Es un riesgo que salgan de las residencias?

Con las Navidades a la vuelta de la esquina, muchos familiares se hacen la misma pregunta: ¿es un riesgo sacar a nuestros mayores de los centros?

Cinta Pascual, presidenta del Círculo Empresarial de Atención a las Personas (CEAPS), sostiene que "si realmente la familia puede y tiene tiempo", está bien que se lleven a sus mayores y "estén días en casa". Ello, a su juicio, justifica que a su vuelta pasen un aislamiento, "porque lo habrán disfrutado antes".

Sin embargo, considera que no merece la pena en el caso de que sea solo para pasar unas pocas horas. "Para tres horas, no", defiende.

Las familias, por su parte, creen que la decisión debe ser suya. "¿Por qué hay unas normas diferentes para ellos a las que hay para el resto de la sociedad?", asevera Carmen López, de la Asociación por los Derechos de los Mayores y sus familiares. En su opinión, "está bien que sean las familias, que sean los residentes quienes decidan sobre su vida".

El plan de Sanidad para las Navidades, por su parte, contempla que los residentes que realicen salidas más prolongadas de los centros las restrinjan a un solo domicilio y manteniendo una burbuja estable de convivencia. Asimismo, aconseja que se realicen una prueba a su vuelta a la residencia.

Ante la falta de consenso es necesaria la flexibilidad entre las partes y buscar alternativas que beneficien a todos. En este sentido, desde CEAPS ven en las salidas "un riesgo para los que van y para los que se quedan" en los centros, por lo que proponen que los familiares les lleven a pasear, "sin ir a los bares ni a los restaurantes y sin que se quiten las mascarillas", para volver después a las residencias.

El objetivo último es reinventar esta Navidad para que sea la única que nuestros abuelos y abuelas vivan en pandemia, pero no la última.