Pasó de vivir del mar, a vivir en él. Salvador Alvarenga salió a pescar con su compañero Ezequiel un 17 de noviembre de 2012. Desapareció durante 14 meses porque una tormenta destrozó su embarcación, un bote de solo siete metros que se convirtió en su casa y en el que durante los primeros momentos sintió miedo: "Con el motor apagado, el norte me llevaba, agarrándome para no caer".

Recorrió más de 11.000 kilómetros y apareció a principios de 2014 en una playa del Atolón Ebon, cerca de Australia. Alvarenga sobrevivió gracias a sus quince años de experiencia como pescador y a la basura que hay en el Océano Pacífico. Recolectaba agua de lluvia en las botellas de plástico que encontraba. Para comer, usaba lo único que tenía: "las manos, cazaba pescado, pájaros, tortugas".

Tortugas para comer, y también para beber, fue lo único que tuvo a mano el primer mes: "La rompía y me chupaba la sangre. Sentía una gran felicidad, como agua, dios mío qué bendición".

Su compañero Ezequiel no fue capaz de hacer lo mismo y murió a los tres meses de empezar su odisea. Ahora Salvador le tiene pavor al mar, pero está en terapia y se ha comprado una barca. Su sueño, es volver a él algún día.