Ni el más mínimo sentimiento de culpa. "A nadie le han puesto una pistola en el pecho para consumir drogas", así se ha mostrado el narco Laureano Oubiña. Las madres de la asociación gallega que lucha contra la droga están indignadas. "Claro que no les puso una pistola, pero mi hijo se enganchó con 15 años, era un niño", señala Beli Alonso, madre de una víctima de la heroína.

El que fuera considerado el mayor narcotraficante de hachís de los años 90 ha acusado a estas mujeres de buscar únicamente cobrar subvenciones: "Ellas mantienen las protestas para seguir cobrando subvenciones".

Carmen Avendaño, madre de dos jóvenes víctimas de la heroína en aquellos años, lo niega: "Yo no cobro nada, el ladrón se cree que todo el mundo es de su condición". Las duras palabras de Oubiña han herido a las familias de las víctimas: "Ojalá él estuviera bajo tierra, donde está mi hijo". Oubiña ha vuelto a insistir que él no era un traficante de drogas sino un transportista de hachís.