Las nuevas cepas del virus mucho más contagiosas han puesto en el foco a las mascarillas de tela y las higiénicas. En Europa, algunos países apuestan por implantar el uso obligatorio de las mascarillas más filtrantes en el espacio público, en tanto que España todavía apuesta por las mascarillas higiénicas -que no quirúrgicas- para las personas sanas.

Austria ha sido el primer país europeo en instaurar el uso obligatorio de la mascarilla FFP2 en supermercados y en transporte público, una medida de las más restrictivas que se suman a la extensión del confinamiento desde el pasado 26 de diciembre, junto a otras medidas como la implantación del teletrabajo o el aumento de las distancias de seguridad desde los dos metros a los 1,5 metros.

En Alemania, la canciller Angela Merkel también ha implantado la mascarilla sanitaria obligatoria en los desplazamientos en transporte público y en los comercios, aunque esta puede ser quirúrgica o FFP2.

Incluso en Francia, su máximo órgano asesor en materia de sanidad, el Alto Consejo de Salud Público, ha recomendado evitar las mascarillas de tela sin homologación y que se apueste por protección profesional.

Así, las mascarillas de tela, en muchos casos hechas a mano y que tanto sirvieron en las primeras etapas de la pandemia, quedan ahora descartadas por su baja protección ante cepas tan peligrosas como la descubierta en Reino Unido o la sudafricana, que han probado ser mucho más infecciosas y están poniendo en jaque a muchos países europeos.

El Ministerio de Sanidad de España todavía recomienda el uso de mascarillas higiénicas, aunque en algunos centros hospitalarios ya se han vetado ante la posibilidad de generar brotes asociados a estos hospitales.