Al menos 351 personas murieron en Barcelona en 2018 debido a los altos niveles de contaminación atmosférica, una cifra equivalente a la de 2017, según determinan los cálculos de la Agencia de Salud Pública de Barcelona (ASPB) que ha presentado el consistorio en una rueda de prensa.

Así lo ha explicado la concejal de Salud del Ayuntamiento, Gemma Tarafa, que ha comparecido ante los medios, junto a la gerente de la ASPB, Carme Borrell, para dar cuenta de los resultados del informe sobre la calidad del aire de la ciudad que se elabora cada año.

Las muertes estimadas por causa del exceso de partículas contaminantes -en concreto de PM2,5- ascienden a 3.749 si se tiene en cuenta el periodo comprendido entre 2010 y 2018. "Es un problema estructural y se requieren soluciones estructurales", ha señalado Tarafa, que ha sentenciado: "La contaminación mata y por ello son necesarias medidas valientes".

En este contexto, ha indicado que el consistorio está ultimando la ordenanza que deberá constituir una Zona de Bajas Emisiones y que prevé reducir la circulación de 125.000 vehículos sin etiqueta ambiental.

Tarafa ha apuntado que la ciudad supera "de manera sistemática" desde hace más de dos décadas los topes de nivel de contaminación atmosférica recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), más estrictos de los que marca la Comisión Europea.

La exposición crónica a esta elevada contaminación contribuye a incrementar enfermedades de tipo cardiovascular y respiratorio, además de aumentar el riesgo de contraer cáncer de pulmón.

Según los datos de la ASPB, el 48 % de la población barcelonesa está potencialmente expuesta a niveles de dióxido de nitrógeno superiores a los recomendados por la OMS, mientras que el 95 % lo está con relación a las partículas PM10, siempre según el nivel de referencia que establece la OMS.