Desde el comienzo del proceso de vacunación contra el coronavirus en España han salido a la luz múltiples casos de residencias o centros sanitarios en los que se pone la vacuna personal jubilado o incluso alcaldes que han recibido la dosis saltándose el protocolo. La excusa es, en la mayoría de los casos, que lo hacen para aprovechar las dosis sobrantes y no echarlas a perder.

Para evitar que se den estos casos, los expertos recomiendan tener una estrategia clara de vacunación. "Hay que tener clara la estrategia y difundirla a todos los centros de vacunación para que no se puedan dar estas circunstancias y actuar de forma ejemplar", recalca José Martínez Olmos, exsecretario general de Sanidad.

Una de las claves es tener una lista de pacientes secundaria. Así lo explica Quique Bassat, epidemiólogo de ISGLOBAL: "Estos suplentes deberían entrar em el siguiente bloque de vacunación". Por tanto, tendrían que ser para pacientes crónicos, mayores de 80 años, luego de 65 o personas que por su trabajo estén expuestas al virus. "Si estamos en una residencia de la tercera edad, si ya hemos vacunado a residentes y trabajadores, deberían irse a algunos de los grupos prioritarios que aún no han empezado a vacunarse", añade Bassat.

E insisten los expertos: no es lo mismo guardar la vacunas para una segunda dosis, que vacunar sin criterio. "Las vacunas no sobran. Una cosa es guardar la segunda dosis y otra administrarla sin tener que hacerlo, usándola con otros fines o para otros grupos de población", recuerda Estanislao Nistal, virólogo.

El ejemplo de un buen procedimiento lo encontramos en un hospital de Terrasa donde al sobrar dosis, tal y como reconocen en un comunicado, se hizo un llamamiento a todos los profesionales que quedaban sin vacunar. Y para no tirar ninguna dosis se añadieron pacientes de riesgo pertenecientes al hospital.

Una sobra de vacunas, 300, en este hospital que se debe al aprovechamiento de los viales porque al principio de cada uno de ellos se sacaban cinco dosis y ahora han llegado a sacar seis.