La altura de columna de ceniza y gases en dispersión que emite el volcán de La Palma alcanza los 3.500 m de altura y afecta sobre todo al oeste de la isla. Toneladas y toneladas de ceniza que sepultan viviendas, y estructuras de la isla. En concreto cubren 6.537 hectáreas de la Isla Bonita, según datos del sistema europeo de satélites Copernicus.

Por ahora, su retirada no es la prioridad para las autoridades, que deben afrontar antes la crisis provocada por el avance de las coladas. Sin embargo, empieza a ser un problema creciente. Trabajadores públicos, bomberos y vecinos de La Palma participan en la retirada del material primero en tejados, aunque no esté fijado su destino final. Las acumulan en las bandejas habilitadas por el Cabildo, que son derivadas a un gestor residual, y otros las almacenan para utilizarlas en sus cultivos. También hay empresas de construcción que las están guardando para reciclarlas.

Pero también están los que no saben qué hacer con ellas y las acumulan en zonas donde no pueden molestar como barrancos, cunetas y explanadas reconvertidos ahora en cementerios de cenizas.

Una tarea que está bajo control por el momento aunque la llegada de las lluvias (débil el viernes y moderada el sábado) podría empeorar la situación, con derrumbes y corrimientos de tierra.

Además está previsto que los vientos en superficie, alisios durante toda la semana, se intensifiquen este jueves, aumentando así el efecto ‘ventilador’.

A las emisiones de ceniza del volcán se suma hoy un dato esperanzador: el del dióxido de azufre que expulsa. Según confirman los técnicos, el último dato registrado es de 7.500 toneladas de SO2 emitidas en un día (el martes), frente al día anterior, 9.938 toneladas. Una reducción de 2.438 toneladas que el portavoz de Involcan, David Calvo, ha analizado en Al Rojo Vivo.

"El dióxido de azufre parece que ha iniciado una tendencia descendente muy ligera que podría estar indicándonos que el depósito de gasolina del volcán empieza a vaciarse por fin", ha explicado Calvo.