El próximo 31 de octubre tendremos que atrasar todos los relojes una hora. Esto se debe a que finaliza el horario de verano y comienza el de invierno. El cambio se producirá la madrugada del domingo 31 a las 3:00 horas de la madrugada, cuando pasarán a ser las 2:00 en la península. En Canarias, por su parte, a las 2:00 serán la 1:00.

Este hábito de adelantar los relojes una hora en verano y volver a ponerlos una hora después en invierno se debe a un supuesto ahorro de energía, intentando hacer coincidir los horarios de los europeos con las horas de luz natural de cada país. Este ahorro ahora está en tela de juicio y desde la Unión Europea en 2018 se realizó una consulta no vinculante a la ciudadanía europea para preguntar si querían permanecer en el horario de verano. El resultado fue arrollador: un 80% de votos a favor de permanecer en este horario.

¿Desde cuándo se aplica el cambio horario?

En España el cambio al horario de verano se aplicó por primera vez durante la Primera Guerra Mundial para que las fábricas pudieran estar abiertas una hora más en el periodo comprendido desde finales de marzo hasta octubre.

El primer cambio a la hora de verano fue en 1918, el día 15 de abril a las 23:00 se adelantaron los relojes 60 minutos, según el artículo 'La hora oficial en España y sus cambios' de Pere Palnesas publicado en el anuario del Observatorio Astronómico de Madrid del 2013. Desde entonces se ha aplicado esta medida de manera discontinua hasta la crisis del petróleo de 1973, que empezó a aplicarse de manera regular en España y en otros países europeos.

¿Cómo afecta a la salud el cambio de hora?

Entre las principales consecuencias negativas para la salud del cambio de hora están pequeños trastornos del sueño, alteraciones en el estado de ánimo, cansancio o algunos desajustes de apetito, según la Asociación para el Autocuidado de la Salud.

Esto se debe a una alteración de los ritmos circadianos, que son los cambios físicos, mentales y conductuales que se producen en el organismo en un ciclo de 24 horas, según el Instituto Nacional de Medicina. Por ello, para el cambio de hora recomienda hacer una adaptación gradual, aumentando o disminuyendo la hora de acostarse 15 o 20 minutos diarios.

La Asociación para el Autocuidado de la Salud aconseja intentar mantener un horario regular de sueño, así como evitar las cenas copiosas y dejar mínimo un tiempo de dos horas entre la última ingesta y la hora de irse a dormir. También sugiere que en algunos casos conviene evitar las siestas o que éstas no superen los 20 minutos.

Asimismo, recomiendan hacer ejercicio de forma regular, reducir el consumo de cafeína y otras bebidas estimulantes y, por supuesto, evitar exponerse a la luz brillante de los móviles o tablets antes de dormir.