Los incendios de esta temporada han sido de una mayor virulencia: al menos se han producido 17 incendios de los considerados grandes fuegos, cinco más que la media de la última década, y han hecho arder en su conjunto 51.426 hectáreas.

Grandes incendios como el reciente de Navalacruz (Ávila), que estuvo ocho días activo y quemó 22.000 hectáreas, exigen un nuevo modelo de lucha contra el fuego.

Antonio Pérez Crespo, oficial de Área Bomberos Comunidad de Madrid, explica a laSexta que antes de abordar esto fuegos hay que estudiarlos antes: "Ya no vale solo con la prevención. Hay que ir un poco más lejos". Lo mismo sostiene el vicepresidente de la Asociación de Trabajadores de las BRIF, César González, quien insiste en que lo primero es centrarse en la protección de las personas.

Desde el puesto de mando avanzado se planifica cómo atacar el incendio y qué medios son necesarios para sofocarlo. A muchos kilómetros de distancia, desde el centro nacional de control de incendios se sigue todo el proceso.

Si siempre nos fijamos en los medios de extinción y los medios aéreos que trabajan sobre el terreno, Antonio López Santalla, jefe de Servicio Incendios Forestales, reconoce que hay detrás todo un equipo que toma datos y visualiza la evolución del incendio.

Además, se recurre a la tecnología más avanzada para tomar las decisiones más importantes, como la de evacuar a los vecinos de una zona. Lo explica el oficial Pérez Crespo: "Cuando tenemos las primeras simulaciones obtenidas a través de programas informáticos ya sabemos si hay que evacuar a una población. Evacuar una población es complejo pero si se hace con tiempo es seguro".

Desde tierra y aire se combaten las llamas. Ambos medios son imprescindibles a pleno día, pero es durante la noche cuando las condiciones para atajarlo se vuelven más favorables.

"Ahí los medios aéreos no pueden trabajar y recurrimos a los terrestres: cortafuegos, ataque directo o ataque con maquinaria pesada terrestre", indica César González Vidal.

Y así, un día tras otro, el incendio es primero estabilizado, después controlado y finalmente extinguido, pero dejando tras de sí un paisaje devastador. Los expertos creen que el abandono de los montes y el cambio climático son la llama invisible que prende estos grandes incendios.