Ha estado 30 años violando a mujeres, según su propia confesión, sin que nadie lograra darle caza. Vivía en una casa en un tranquilo pueblo del norte de Francia y era un padre de familia modélico. "Eran la pareja perfecta, él era un buen padre de familia", explica una vecina.

Llevaba una doble vida, de cuando en cuando salía a violar a mujeres y también a niñas, su víctima más joven tiene apenas 13 años. Siempre por las mañanas temprano, las abordaba violentamente en sitios poco concurridos.

La impunidad se le acabó el pasado cinco de febrero, ese día cogió su coche y salió de casa. Cruzó la cercana frontera con Bélgica y llegó a la localidad de Erquelinnes, a tan sólo 25 kilómetros. Allí, abusó de una chica de 16 años que iba sola a clase. Una cámara de seguridad captó en la zona su coche y su matrícula.

"A través del vídeo con las placas de matrícula hemos podido acelerar la investigación", ha dicho Fabrice Cotelle, policía. Después, el ADN ha probado su implicación en muchos casos más. Le imputan 19 agresiones sexuales pero él ha reconocido estar detrás de unas 40, la primera en 1988. Ahora, la Policías belga y francesa repasan todos los casos no resueltos en los que podría estar implicado este depredador.