Las temperaturas extremas reducen la capacidad del organismo para afrontar cualquier tipo de agresión, ya sea un proceso infeccioso o una deshidratación, señala a Efe el portavoz de la Sociedad de Enfermedades Infecciosas y Microbiología (SEIMC), Julián Olalla, que apela a cuidar a los más frágiles para no perderles.

Olalla precisa que el estrés térmico no desactiva el sistema inmunológico pero sí incide en la capacidad de responder a una infección: "Si me infecto de una neumonía o COVID-19, mis posibilidades de enfrentar ese proceso serán menores con calor extremo que con temperaturas suaves".

Este experto también llama a proteger a los más frágiles que son aquellos que se encuentran "en las edades extremas de la vida" (ancianos y niños) pero también los crónicos, y sobre estos últimos asegura que "no hay evidencia científica" de que las personas con síntomas de COVID persistente sean más vulnerables a una ola de calor que los enfermos de otras patologías.

Y en concreto sobre la ola de calor, que se inicia este miércoles y se prolongará al menos hasta el lunes, Olalla no hace pronósticos porque dependerá, dice, "de lo intensa que sea y de cómo se asista a los más frágiles".

Olalla recuerda que los niños están acompañados pero los ancianos suelen estar solos y no beben porque no sienten necesidad de hacerlo lo que les deshidrata irremediablemente. Y con los enfermos crónicos, el problema a veces es que se "acostumbran a los síntomas".

"La hace más difícil de llevar"

También sobre la ola de calor y sus efectos en el COVID recurrente se manifiesta el presidente de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (Sempsph), Juan Antonio Sanz.

"El calor extremo no afecta más a los enfermos de COVID, se comporta igual con todos los pacientes crónicos" señala este experto que incide en que el estrés térmico no agrava una patología "pero sí la hace más difícil de llevar".

En la misma línea, el enfermero en Urgencias y Emergencias del Consejo General de Enfermería (CGE), Alejandro Blanco, coincide que en las recomendaciones para el COVID persistente ante la ola de calor son las mismas que para el resto: "No hacer ejercicio físico intenso, protegerse de las altas temperaturas y alimentación adecuada para que el sistema inmunológico esté lo más reactivo posible".

No obstante y según Blanco, la ola de calor es un "estrés añadido" para el cuerpo que tiene que emplear parte de la energía en bajar la temperatura.

Y en su opinión, "esa regulación térmica hace al sistema inmunológico más vulnerable ante una posible infección o ante la vacunación".

No relajar el uso de mascarilla

Y para este portavoz de la Sociedades de Enfermedades Infecciosas, las medidas de protección no deberían relajarse por la ola de calor porque "el coronavirus nos lo hace pagar con creces cada vez que no cumplimos el protocolo".

No obstante, existe cierto temor a que estos días los ciudadanos se tomen más a la ligera llevar la mascarilla en sitios cerrados, donde se concentra el calor y están peor ventilados.

Por ello, los expertos llaman a extremar las medidas de protección sobre todo la mascarilla, la que más agobia por el calor y la medida más susceptible de incumplir.