El morbo, dice Pablo, fue lo que le llevó a intercambiar a través del móvil, material propio, con contenido sexual. Se lo enviaba a otro chico que conoció a través de internet y, así, sin pensarlo demasiado se adentró en el peligroso mundo del sexting. "Estás hablando, la cosa se sube un poco de tono y compartes contenido sexual", señala.

Nos cuenta que lo que empezó como un juego, terminó en pesadilla, cuando metieron a una tercera persona en su chat: "Viene esa persona y me dice que tiene mi contenido en su poder y que ha visto mis fotos, ha visto mis vídeos y si no le paso más vídeos nuevos a él va a compartir mi contenido".

Hasta le pidieron dinero. Un mal uso del sexting puede convertirse en delito. Con sólo 15 años un joven de Dénia ha sido detenido por la Policía por amenazar, presuntamente, a su expareja de 13, con difundir vídeos suyos con contenido sexual y enseñárselos a sus amigos. Montse sabe lo que es sufrir algo parecido. Asegura que su hija de 13 años hizo sexting, chantajeada por un compañero del instituto: "En el momento que le dijeron que iban a poner fotos suyas en las redes, y ella no había puesto ninguna foto en ese momento, se asustó y entró al trapo".

Si nuestros hijos se aíslan o se vuelven agresivos, cuidado, porque pueden pertenecer al 21% de los jóvenes que han sufrido alguna vez ciberacoso. Fijar unas normas de uso del móvil o vigilar sus aplicaciones son algunas de las pautas básicas para evitar que algo tan útil se convierta en un verdadero problema.