Escondidos en mitad de los montes navarros, algunos de ellos completamente enterrados, más de 1.800 búnkeres son la prueba del temor que tenía Franco a una posible invasión exterior tras la Guerra Civil. "Hace un planteamiento de fortificar la frontera hispano francesa para evitar un ataque" asegura Nicolás Zuazúa, arqueólogo.

Ante la inquietud que generaban las victorias de las tropas aliadas, el dictador ordenó blindar la frontera con una línea de búnkeres desde Guipúzcoa hasta Cataluña. La llamada LÍNEA P. "Tiene el espacio donde iría el cañón con las ruedas y luego estos dos espacios para las patas para el retroceso", explica Zuazúa.

Una estrategia de defensa a imitación de la línea Maginot que Francia había levantado en la frontera con Alemania una década antes. Durante años, varios batallones de soldados y también algunos prisioneros represaliados, construyeron estos búnkeres que nunca fueron usados. "Se invirtió una ingente cantidad de dinero mano de obra cautiva y de soldados para luego ni siquiera darle uso" cuenta Luis Alfonso Potestad, alcalde de Burguete.

En Burguete (Navarra), uno de esos pueblos donde se alojaron los batallones que levantaron estos fuertes, recuerdan cuando llegaron los soldados. "Estuvieron alojados por las casas y teníamos por obligación cuatro soldados en cada casa. Teníamos que dejarles una mesa donde comieran y derechos a estar sentados junto al fuego ", recuerda María Isabel Azanza, una vecina.

Tras varios meses de trabajo, ahora un grupo de arqueólogos ha recuperado parte de esa historia en un documental y organizan, además, varias rutas guiadas por el monte para recorrer y recordar este capítulo de la historia.