En un acto simbólico presidido por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, una apisonadora ha aplastado una a una cerca de 1.400 armas que fueron principalmente incautadas a ETA y los GRAPO. Detrás de cada una de ellas, una historia trágica.

El arsenal que hoy ha sido destruido, tras una resolución de la Sala de Gobierno de la Audiencia Nacional en 2016, llegó a pertenecer a comandos de ETA que provocaron atentados como el del coche bomba de Rosas (Girona) hace 20 años. Lo llevaron a cabo miembros de ETA del comando Sugoi y acabó con la vida del mosso d'Esquadra Santos Santamaría que se encontraba desalojando la zona, a 100 metros del explosivo.

A la misma hora de ese 17 de marzo de 2001, pero en Gandía (Valencia), el mismo comando hacía explotar otro coche bomba que no dejó víctimas mortales pero sí importantes daños materiales.

Las armas destruidas hoy las utilizó otro comando de ETA que también causó dolor en Sevilla. El 30 de enero de 1998 la banda terrorista asesinó al concejal del PP Alberto Jiménez Becerril de un tiro en la nunca. También mataron a su esposa, Ascensión García Ortiz. Un atentado perpetrado por el comando Andalucía que dejó consternado a la región.

La desarticulación del comando se mostró a la ciudadanía enseñando el importante arsenal del que disponía, un material que ya no es necesario para investigaciones judiciales y que ahora se ha destruido.

Entre las armas, también se encuentran las que utilizó el comando Bakartxo, que asesinó el 21 de marzo de 2002 al concejal socialista en Orio, Guipúzcua, Juan Priede.

Nueve de cada diez armas destruidas hoy corresponden a ETA y el resto fueron intervenidas a los terroristas de los GRAPO en operaciones policiales en Madrid, Barcelona, y Santiago de Compostela.

Este es el listado de armas que han sido destruidas:

697 pistolas

172 revólveres

274 subfusiles

El resto son fusiles de asalto, rifles de precisión y escopetas de ánima lisa.