El aislamiento por el coronavirus es duro para los pacientes, pero también para los familiares. "Nos dijeron que ellos nos llamaban, pero que por favor no estuviésemos llamando a todas horas porque les era imposible", cuenta Ana Sigler, nieta de un hombre que está aislado con coronavirus.

Ana quiere que su abuelo Carlos sepa que están pendientes de su evolución. "Nuestra preocupación es el no poder hablar con él", expresa.

Los médicos informan casi diariamente del estado de salud de los pacientes, pero las familias quieren hablar con ellos y animarlos y como está prohibida la entrada de teléfonos móviles, dependen de que un sanitario haga la llamada.

"Con el caos que tienen en los hospitales, nos han dicho que es imposible estar gestionando eso", dice José González, nieto de Paca, otra víctima mortal del coronavirus. "Pude hablar con ella tres segundos. Me dijo que estaba muy malita y ya nadie más ha podido hablar con ella", relata.

Como sabía que por protocolo no podía verla, movilizó las redes sociales hasta contactar con sanitarios de la planta en la que estaba ingresada para hacerle llegar su amor y su apoyo incondicional. Porque una palabra de ánimo en este tipo de situaciones es imprescindible.

En este sentido, Sandra Romero, psicóloga sanitaria, defiende que "es importante facilitar un mínimo de contacto en la medida de lo posible porque eso va a permitir reducir su incertidumbre".

En algunos hospitales de Milán dan esa importancia a despedirse hasta tal punto que algunos pacientes aislados se despiden a través de tablets electrónicas.

¿Y qué pasa con los pacientes?

Antonio, que ha estado aislado nueve días, dice que el aislamiento es "una soledad a la que uno no se acostumbra". "Estaba realmente asustado porque escuchaba al vecino de al lado llorar o me comentaban que el vecino de más allá había fallecido", recuerda.

Una situación difícil para pacientes y familiares, incluso para los sanitarios, quienes quieren cumplir con el parte diario, pero, sin embargo, no dan abasto.