Salvador Illa, ministro de Sanidad, no ha podido evitar reflejar su enfado por los botellones y fiestas multitudinarias que se producen estos días en todo el país, con España todavía en mitad de la desescalada.

Precisamente fueron las imágenes de un botellón organizado en Tomelloso, en Ciudad Real, en el que se congregaron centenares de jóvenes, lo que motivó al ministro a reunirse con capitanes de fútbol.

Accedió a ello, dice, porque los futbolistas son "referentes" de estos jóvenes, y pretende que puedan ayudar a transmitir la importancia de seguir cumpliendo con las medidas de seguridad y normas que establece el estado de alarma. Algo que es esencial para contener el contagio del COVID-19.

Illa ha dado estas explicaciones durante la Comisión de Sanidad en el Congreso, y después de que Cuca Gamarra, diputada del Partido Popular, le criticase por presuntamente interesarse más por el fútbol que por la reapertura de los centros educativos. "Es verdad que me reuní con los futbolistas, y lo hice porque son un referente social y en este momento es fundamental que los referentes sociales inculquen responsabilidad en la ciudadanía", ha apostillado el ministro.

Así, el socialista ha indicado que "es bueno que salgan a decir 'cuidado', porque me preocupa Tomelloso, no puede ser con los muertos que hemos tenido. Ese día decidí que me iba a ver con todo referente social posible, para que salga a decir que esto no ha sido una broma, que esto es muy serio.

"Para mi, el héroe que yo tengo en la cabeza estos días es el que recibe el premio Príncipe de Asturias, el médico. Pero los jóvenes escuchan a quien escuchan", ha concluido el ministro.

Otras fiestas que se saltan la ley

Lo cierto es que en diferentes puntos de España se han registrado casos de una gran irresponsabilidad. En Madrid, por ejemplo, la Policía Nacional tuvo que desalojar un local en el que se celebraba una fiesta de reapertura con 150 personas en su interior, sin guardar las distancias y en la que los asistentes compartían bebidas y cachimbas. A las puertas de la discoteca se concentraban otras 85 personas, 70 de las cuales aseguraban que tenían reserva en el bar.

En Hospitalet de Llobregat los Mossos d'Esquadra han denunciado a un hombre de 31 años que creó un bar clandestino en su propio piso: ofrecía comida para llevar y aceptando reservas para comer dentro del domicilio.

Cuando los agentes se personaron en el lugar encontraron un congelador de tamaño industrial, seis mesas y varias sillas apiladas.