En cárceles diferentes y apartados de otros presos, así han pasado los últimos dos años los tres presuntos integrantes de la célula yihadista de Ripoll, que siguen a la espera de juicio.

Son Mohamed Houli Chemlal, Driss Oukabir y Said Ben Iazza. Los dos primeros, están procesados por integración en grupo terrorista, fabricación y tenencia de explosivos y estragos en grado de tentativa. El tercero lo está por colaboración con organización terrorista.

Eduard Sallent, comisario jefe de los Mossos d'Esquara, explica que "estamos hablando de unas personas que no tienen un trasfondo delincuencial, que era el elemento común con los atentados que se habían producido en Europa".

No habían delinquido con anterioridad y tampoco habían intentado viajar a zonas de conflicto. La radicalización se produjo en el entorno familiar y de manera muy rápida. "El proceso de radicalización fue bastante acelerado, por lo tanto es algo muy nuevo en lo que era el panorama yihadista europeo", apunta Eduard Sallent.

Oukabir alquiló la furgoneta con la que Younes Abouyaaqoub provocó la masacre en Las Ramblas. Bein Iazza prestó su vehículo y su documento de identidad resp para comprar los ingredientes para explosivos que pretendían utilizar para atentar en Barcelona.

Por último, Chemlal fue el único superviviente de la explosión que se produjo en la casa de Alcanar, lugar en el que fabricaban los artefactos. "Seguramente es el laboratorio más importante de fabricación de explosivos que ha habido en Occidente", añade Sallent.

El juez de la Audiencia Nacional, Fernando Andreu, no ve indicios suficientes de participación directa en los hechos ni pruebas de que estos tres acusados conociesen los planes de la célula. Por eso, rechaza juzgarlos por asesinato como pide la acusación.

Serán los únicos miembros de la célula en sentarse en el banquillo en el juicio que se celebrará en los próximos meses. Dos fueron puestos en libertad y ocho murieron en la explosión de Alcanar y abatidos por los Mossos.