Desde hace semanas, el alcalde de Jimera de Líbar, en Málaga, es el único que atraviesa las calles vacías de su pueblo. Incansable, Francisco Javier Lobo Caballero no ha dudado en trabajar día a día para evitar que sus vecinos se pongan en riesgo por la pandemia de coronavirus.

Durante el confinamiento, él ha sido el que ha ido puerta a puerta enviando la compra a quien la necesitara. Todo con un único objetivo: que sus vecinos, la mayoría de avanzada edad, no se pongan en riesgo innecesariamente.

"Si entrase el virus el pueblo desaparecería prácticamente, por lo que todo el mundo cumple a rajatabla", ha reconocido el edil, para quien la política hace tiempo que dejó de ser únicamente adoptar medidas y tomar decisiones.

El propio farmacéutico del municipio ha asegurado que el alcalde es quien "fumiga las calles y pregunta si hace falta algo": "Nos repone las mascarillas", ha añadido.

Aunque el coronavirus no ha llegado a la localidad, el impacto emocional del Covid sí ha alcanzado Jimera de Líbar, ya que los más vulnerables, tras más de un mes confinados, empiezan a acusar más intensamente la soledad.

"Hay gente que me llama para contarme sus problemas. Les escucho y se ponen mejor", ha reconocido el alcalde, que además ha comprado una fumigadora de ozono para desinfectar las calles a pesar de que no hay ni un solo contagio entre los jimeranos.

Sus vecinos, orgullosos, presumen del trato tan especial que el edil les otorga. Y es que, además de político, es "una persona muy especial" para ellos, porque también es ese número de teléfono al que, ahora y siempre, poder llamar.