España ha vivido su primer día sin contabilizar fallecidos por coronavirus desde el inicio de la pandemia. Tan solo ocho semanas antes, el 2 de abril, el país hacía frente a su peor día de la crisis sanitaria, registrándose un total de 950 muertos por COVID-19 en 24 horas. ¿Cómo ha sido posible contener la pandemia y pasar de tener cientos de fallecidos diarios por el virus a no tener ninguno en cuestión de dos meses?

La principal medida que ha hecho posible frenar el contagio de la enfermedad recae en el estado de alarma. El 14 de marzo, el Gobierno decretaba el estado de alarma para hacer frente a la expansión del COVID-19. El primer caso conocido en España se dio a conocer el 3 de marzo, después de que la Conselleria de Salud de Valencia investigase los fallecimientos de las semanas anteriores.

Ya para el 14 de marzo se contabilizaban más de un centenar de fallecidos por la enfermedad y 7.641 casos acumulados. El 15 de marzo, en las 24 horas siguientes al inicio del estado de alarma, fallecieron 152 personas, una cifra que no se había alcanzado hasta entonces.

Desde ese momento, la cifra de fallecidos siguió incrementándose hasta que se consiguió doblegar la curva: el 21 de mayo se registraron 48 muertes, la menor cifra desde los 107 fallecimientos del 18 de marzo.

En total, desde el inicio de la crisis sanitaria, la cifra de personas fallecidas asciende a 27.127, y el número de personas contagiadas confirmadas por la prueba PCR es de 239.638. Una cifra que, según estudios científicos, habría sido mucho mayor de no haber cumplido con el confinamiento.

Los mayores, los más afectados

La crisis sanitaria ha golpeado en buena medida a residencias de ancianos, algunas de ellas investigadas por la Fiscalía por la gestión, y también se ha cebado con los sanitarios en los hospitales. Más de 51.000 contagiados y 63 muertos.

El perfil del fallecido por coronavirus no ha variado demasiado: gente mayor. Según datos del Ministerio de Sanidad, el 83% de los muertos tenían más de 70 años. Y el 95% al menos tenía una enfermedad previa.

Por otro lado, las comunidades más golpeadas han sido Madrid, con más de 8.600 muertes y Cataluña, con 5.500. En Madrid llegaron a producirse tantas defunciones que se tuvieran que abrir hasta tres depósitos de cadáveres temporales para conservar los cadáveres ante la saturación de los crematorios.

Confinamiento, teletrabajo, ERTE, educación a distancia

El estado de alarma trajo con sigo medidas estrictas de confinamiento de la población, que se han ido suavizando desde que comenzó la desescalada. En un primer momento, se restringió todo tipo de circulación, salvo por causas de fuerza mayor, para trabajar o para hacer la compra de alimentos imprescindibles.

Se fomentó el teletrabajo para aquellas empresas que fuese posible y se paralizó toda actividad no esencial durante varias semanas, una decisión histórica en el país que tenía como fin doblegar la curva de contagios y evitar, en consecuencia, que continuasen creciendo el número de fallecidos. El Gobierno aprobó los ERTE, para que los trabajadores obligados a parar a causa de la crisis sanitaria pudiesen continuar teniendo ingresos.

Paralelamente, se puso el foco en informar a la población de la importancia de cuidar la higiene, fomentando el continuo lavado de manos con agua y jabón, y también el uso de geles hidroalcohólicos. Se impuso un protocolo de distanciamiento social que todavía los españoles deben cumplir cada vez que salen a la calle.

Así, España quedaba confinada: los bares, tiendas, gimnasios... cerrados; la vida social se empezó a practicar de manera telemática, al igual que el trabajo y la educación; y los balcones reemplazaron a las terrazas y los parques.

Por el contrario, salían a la calle las fuerzas de seguridad del Estado para velar por el cumplimiento del estado de alarma. Los sanitarios, las cajeras, los transportistas y el personal relacionado con el sector de la alimentación pasaron a ser los únicos profesionales que hacían posible que la vida siguiese su curso, los esenciales, salvando vidas en hospitales colapsados y proveyendo de lo más básico a la población.

Desde el 14 de mayo se ha ido prorrogando el estado de alarma cada 15 días. El Gobierno de Pedro Sánchez espera aprobar la sexta y última prórroga que dure hasta el 21 de junio, y sigue manteniendo que es la herramienta clave que permite restringir la movilidad y evitar los contagios. "Es un instrumento constitucional esencial para frenar la propagación del coronavirus", ha defendido recientemente el líder del PSOE, que continúa insistiendo en que "la responsabilidad individual es fundamental si queremos defender lo púbico".

Sin inmunidad de grupo

El confinamiento obligado por el estado de alarma ha dado sus frutos, y esta es una afirmación que se refuerza al conocer que solo el 5% de la población española tiene anticuerpos frente al coronavirus. Es decir, los españoles no han alcanzado todavía una inmunidad de grupo que ayude a ese descenso de contagios y fallecimientos.

Así lo indicaban los resultados preliminares del estudio de seroprevalencia que realizan las autoridades sanitarias para comprobar quiénes han pasado el COVID-19. El estudio se realizó en una primera fase a unas 60.000 personas, y la cifra que se obtuvo del trabajo queda muy alejada de la que habría que alcanzar para obtener la inmunidad de grupo, que se sitúa en torno al 60/70%.

Un logro de todos

"Son los españoles los que han parado el virus unidos", celebraba el presidente del Gobierno el 20 de mayo, haciendo honor al lema "Este virus lo paramos unidos" de la campaña institucional para incentivar el distanciamiento social. Once semanas después de que se iniciase la cuarentena, el virus parece controlado en la mayor parte del país.

Fernando Simón, director de Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, se pronunciaba en la misma línea a finales de mayo: "Estamos en una fase de muy baja transmisión. Gracias a todos los hemos conseguido y estamos ya llegando a la parte final, nos va a costar un poquito todavía pero estamos en la parte final". De esta manera, las autoridades ponen el foco en el esfuerzo colectivo que ha realizado la población durante esos meses, y que ha conseguido remitir el COVID-19.

Pero la crisis sanitaria ha ido dejando paso a una crisis económica. Se han visto largas colas en las puertas de asociaciones vecinales que reparten comida, los barrios más vulnerables se han organizado en un sinfín de redes solidarias para no dejar a ningún ciudadano atrás, y muchas ONG han comenzado a ofrecer ayuda humanitaria dentro del país.

En este sentido, el Ejecutivo hace también un llamamiento a la unidad para enfrentar la mala situación económica. "La unidad ha salvado miles y miles de vidas y ahora necesitamos que se extienda al frente económico, social y político para combatir la crisis económica y social, porque con la unidad podemos salvar miles de empresas y miles de empleos", manifestaba Sánchez en una ocasión en el Congreso de los Diputados.

 

Desescalada: el viaje hacia la "nueva normalidad"

Con el coronavirus más controlado y la asistencia sanitaria más aliviada, los diferentes territorios españoles avanzan en el plan de desescalada, algunos, los más afectados por la pandemia, más despacio que otros. La gran mayor parte de las provincias se encuentran ya en fase 2 del desconfinamiento.

Las terrazas se han vuelto a llenar, los parques y playas son frecuentados para hacer ejercicio y pasear, los museos comienzan a admitir visitantes, muchos comercios y empresas han levantado la persiana, y pronto España estará preparada, gracias a corredores seguros, para recibir a los primeros turistas. La vida de los ciudadanos va retomando poco a poco el ritmo, pero las medidas de seguridad y distanciamiento social seguirán siendo imprescindibles hasta que llegue una vacuna.