Las claves de un día fatídico

El cambio climático, la falta de aviso y la construcción en zonas inundables: los factores que convirtieron la DANA en una catástrofe sin precedentes

Los detalles El calentamiento global ha hecho que las lluvias torrenciales se multipliquen en los últimos años. Sin embargo, aunque los daños materiales eran inevitables, si el Gobierno de Carlos Mazón hubiese reaccionado a tiempo, podrían haberse salvado buena parte de las vidas que se perdieron.

Decenas de coches amontonados, a 31 de octubre de 2024, en Sedaví, Valencia, Comunidad Valenciana (España)
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Se cumple un año de la DANA. 365 días desde aquel fatídico 29 de octubre en el que 229 personas perdieron la vida en Valencia a causa de la riada. Una catástrofe natural que no tiene parangón en España en el siglo XXI y que fue propiciada por un cúmulo de factores que multiplicaron la magnitud de una tragedia de la que muchas familias aún no han pasado página.

El cambio climático y, por consiguiente, el calentamiento de la tierra, jugaron un papel fundamental. En algunas zonas llegaron a caer 770 litros por metro cuadrado en 24 horas, unas precipitaciones torrenciales que son impropias del clima mediterráneo, y esto fue provocado, en parte, por la temperatura del mar.

"Una atmósfera más caliente significa que puede tener más energía, es decir, que las tormentas pueden ser más fuertes, y un mar más cálido no implica que vayamos a tener más danas, pero sí que las que tengamos traigan más lluvia", explica Francisco Cacho, meteorólogo de laSexta.

También jugó un papel trascendental el desarrollo urbanístico. La mayor parte de los núcleos de población que fueron arrasados por la riada se construyeron en zona inundable, lo cual no solo afectó a quienes residen en esos puntos, ya que los barrancos al desbordarse se llevaron por delante edificios, infraestructuras y coches que, lejos de absorber el agua, incrementaron la altura de la riada y sirvieron como proyectiles.

Las inundaciones eran inevitables, las muertes no

El último factor, y también el más doloroso, es que la magnitud de la catástrofe podía haber sido mucho menor si las autoridades valencianas hubiesen actuado antes. La mayor parte de los municipios empezaron a inundarse a mitad de la tarde, una hora a la que miles de personas regresaban del trabajo y a las que la riada les pilló en sus vehículos.

Es por ello que la tardanza en el envío del aviso a través del sistema Es-Alert fue fatídica, ya que muchos de los que acabarían sido arrastrados por el agua no tenían la percepción del riesgo al que se exponían al desplazarse, ya que en las localidades más cercanas a Valencia ni siquiera llovió y nadie les avisó de que se avecinaba una riada.

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