Colau levanta de nuevo el bastón de mando, repite como alcaldesa con los votos del PSC y Manuel Valls.

El reproche llega del vencedor de las elecciones. "No seremos aliados mansos y dóciles de un supuesto progresismo intocable o indiscutible", decía Margall, concejal de ERC en el Ayuntamiento de Barcelona.

Colau intenta esquivar la cuestión nacional. "En absoluto nos sentimos neutrales, no seré ni alcaldesa independentista, ni antiindependentista", afirmaba Colau.

Pero el objetivo de su socio prioritario era evitar un alcalde independentista. "No subordinar la ciudad de Barcelona al 'procés' independentista", aseguraba Collboni concejal del PSC en el Ayuntamiento de Barcelona.

Firme convicción que comparte con el candidato del PP, Josep Bou y Manuel Valls, cuyas palabras provocan abucheos. "No hay presos políticos y no hay exiliados", apuntaba Valls.

"Por favor, pido respeto para todas las intervenciones. Hay que garantizar que todos hablemos en libertad", intervenía Colau.

Lo hacía frente a Joaquim Forn, candidato de JxCat a la alcaldía de Barcelona, que asiste para jurar el cargo y volver minutos después a la cárcel. No cruzó, como hicieron el resto de concejales, la plaza Sant Jaume.

Sonora pitada a Colau, también aplausos, en su camino hacia el Palau de la Generalitat. Queda lejos en el tiempo, cuatro años antes, el fervor de los votantes de Colau en su primera investidura.

Al otro lado de la plaza, encuentro con Torra y desplante de Valls al President, que se niega a darle la mano. El motivo, lo adelantó laSexta, que le llamara casta en último pleno del Parlament.

Frente a Torra, habla Colau recordando a los presos cuando su relación con los independentistas vive las horas más bajas.