La anunciada ampliación del aeropuerto de El Prat ha puesto en pie de guerra a numerosas organizaciones ecologistas. El motivo: la laguna de La Ricarda, situada junto al aeródromo, y en peligro en caso de que se extienda.

AENA ha propuesto alargar 500 metros una de las pistas de aterrizaje de la base aérea, lo que pone en peligro este humedal protegido ambientalmente por la Unión Europea, ya que lo eliminaría por completo.

"Es un proyecto al que nos oponemos totalmente", resume con contundencia el portavoz de la plataforma Zeroport, Pere Bonet, para quien "si se afecta a esta zona de La Ricarda, esto no tiene compensación posible".

Porque el valor de La Ricarda es muy elevado: se trata de una zona de descanso de las aves en su ruta migratoria peor, además, tiene también relevancia cultural. Cerca del lago se encuentra la Casa Gomis, una construcción icónica de la arquitectura catalana.

Como compensación por la eliminación de La Ricarda, AENA ha prometido preservar otros puntos del Delta del Llobregat, aunque su propuesta no ha convencido a los Ayuntamientos como el de Barcelona, dirigido por Ada Colau. La alcaldesa de Barcelona ha manifestado este martes su profundo malestar por la ampliación del aeropuerto, que ve incompatible con la lucha contra el cambio climático. Además, la primera edil afirma que no va a traer puestos de trabajo sino masificación turística y pide a la Generalitat que rectifique.

La propuesta también choca con las políticas de la Generalitat. El president, Pere Aragonès, ha insistido en que la ampliación "tiene que garantizar el respeto absoluto a las exigencias medioambientales de la Comisión Europea. Exigencias que hacemos nuestras".

La ampliación del Prat supone un impacto económico muy importante. El Gobierno ha acordado invertir 1.700 millones de euros, lo que implica 83.000 puestos de trabajo directos y más de 360.000 indirectos. Nuevamente, el debate entre economía y medio ambiente, con la UE pendiente de posicionarse.