Alicia Sánchez-Camacho intervino en el Congreso, lo colgó en Twitter y alguien le contestó deseándole una violación en grupo. Quien escribía lo hacía desde una cuenta sin foto ni nombre real: borró el tuit, pero olvidó uno diciéndole al ministro Méndez de Vigo que matarle sería poco y otro imaginando a González Pons con un tiro en la nuca.

Sánchez-Camacho ha denunciado la amenaza y ha lanzado una propuesta al resto de grupos parlamentarios: "Limitar el anonimato en las redes sociales, especialmente en Twitter, evitar perfiles falsos".

Una propuesta que ha despertado de nuevo el debate sobre la libertad de expresión. Ciudadanos se muestra a favor de la propuesta pero desde Podemos la califican de "ley mordaza para las redes sociales".

Pero, ¿es necesario que aparezca nuestro nombre y apellido en el perfil para que nos detengan si delinquimos? Los expertos aseguran que "aunque un usuario utilice un nombre de usuario falso se puede llegar al ordenador que identifica la fuente primaria".

Preguntamos a otros que basan su éxito en la ironía que les permite sus cuentas con pseudónimo: 'Norcoreano' nos contesta que es una propuesta para intimidar, porque Twitter ha sido siempre una plataforma de contrapoder. 'Señorita Puri' dice que sería como quitarle la cabeza a Espinete y ver que dentro hay una señora sudando. 'Dios Tuitero', que todo lo sabe, dice que el mensaje es más libre cuanto más lo sea el mensajero.