Salimos a la calle en esa España de 2050 que nos tocará vivir si no actuamos ya. En un día de verano normal en Madrid tendríamos 39 grados, en uno cálido 46, seis grados más de máxima, la temperatura que ahora tiene Marrakech. Barcelona tendrá la de Adelaida, en Australia.

Estas temperaturas aumentarán el riesgo diario de golpes de calor y tendremos recomendaciones constantes de permanecer a cubierto, algo que resultaría asfixiante, ¿verdad? Pues tocará acostumbrarse porque el verano de 2050 va a durar 27 días más que ahora.

El resto del año, cero optimismo: las sequías durarán más y cuando llueva, lo hará más a menudo de forma torrencial. Los fenómenos externos que ahora nos dejan impresionados pasarán a ser recurrentes. "Lo que llaman Danas y todos estos efectos de inundaciones se van a acentuar bastante más", explica José Templado, investigador del cambio climático en el CSIC.

Unos nuevos perfiles climáticos que harán que enfermedades que consideramos extranjeras se instalen. El dengue, por ejemplo, ya está en el Levante español, pero puede pasar a ser una dolencia habitual en algunas zonas. "También la fiebre del Nilo Oeste u Occidental, como las más inminentes", cuenta Óscar Soriano, investigador del CSIC en patógenos.

Son los efectos en nuestro país, el más vulnerable de la Unión Europea a la crisis climática. Un estado que verá sus costas transformadas, su economía afectada y hasta a parte de su población obligada a trasladarse. Si no hacemos nada, 200.000 españoles vivirán en 2050 sobre una territorio en constante riesgo de inundaciones.