Advertimos de la dureza de las imágenes que ilustran esta información. Es la otra cara de la guerra de Putin. Un hombre que había sido reclutado por la fuerza con la última mnovilización de tropas rusas, se ha quemado a lo bonzo en una estación de autobuses en la ciudad de Ryazan, a unos 185 kilómetros al sureste de Moscú.

Según reportan los medios locales citando a varoios testigos, antes de producirse los hechos, el hombre gritaba "no quiero ir a la guerra".

En las imágenes se puede ver cómo el hombre se rocía el líquido que lleva en una botella y acto seguido se prende fuego ante la mirada impasible de los que le rodean.

En otras imágenes posteriores, bajo estas líneas, se ve cómo el hombre, que ha sobrevivido, es trasladado cubierto con una sábana. Ha sobrevivido pero tiene quemaduras en amplias zonas de su cuerpo.

Es una muestra más de la tensión que se vive en Rusia después del último anuncio de movilización militar para ir a combatir a Ucrania. A las imágenes de protestas se suma el reciente ataque en un centro de reclutamiento. Un hombre disparaba ayer a un comisario militar de la ciudad de Ust-Ilimsk. Al grito de "aquí no va a luchar nadie" el joven comenzó a disparar sembrando el pánico entre quienes estaban allí.

Más de 2.000 personas han sido detenidas en decenas ciudades de Rusia por protestar contra la movilización, según la cual están llamando a filas a hasta 300.000 reservistas de acuerdo con el Ministerio de Defensa.

El proceso de selección falla y el Kremlin lo sabe e incluso lo reconoce. Llaman a hombres sin formación militar, fuera de forma y con problemas de salud. Desde que empezara la movilización, han recibido 700 quejas de soldados erroneamente convocados.

A los que se incorparan a filas les piden que traigan por su cuenta un saco para dormir y un botiquín. Incluso hay imágenes en las que se ve cómo una instructora solicita tampones para cerrar las hemorragias provocadas por un disparo.

Mientras, la huída continúa en las fronteras. A vista de satélite se ven claramente largas colas en la división con Georgia. Unas imágenes que de cerca se convierten en interminables atascos de varias filas.

Entre los que se quedan y son reclutados, algunos aprovechan para casarse antes de partir. En las estaciones de autobús o de tren no hay caras felices ni de celebración, solo llantos de despedida.