Donald Trump es el presidente del segundo país que más emisiones de CO2 emite, pero es un escéptico del cambio climático y ha decidido boicotear la cumbre del clima de la ONU.

No solo no asistirá a este encuentro, sino que ha contraprogramado el acto con otro acerca de la protección de las libertades religiosas en la misma sede de las Naciones Unidas.

Tampoco irán Vladimir Putin, presidente de la Fereración de Rusia, y Xi Jingping, presidente de la República Popular China. Si bien, mandan a sus representantes. Las cabezas visibles de tres de los cuatro países más contaminantes deciden ignorar a las movilizaciones en todo el mundo.

En este sentido, la presión social ha sido inédita. Cientos de miles de jóvenes, desde Washington hasta Sidney, han puesto el grito al cielo para reclamar acciones concretas que logren frenar las terribles consecuencias ante la crisis climática.

Una emergencia que avala la comunidad científica. En los últimos cinco años han sido los más cálidos jamás registrados, superando en más de un grado a la época preindustrial y multiplicando por 6 la cantidad hielo derretido en la Antártida desde 1979.

Nos encontramos, por tanto, ante una crisis sin precedentes que no está en la agenda de los principales responsables políticos.