Entrevista en el Times
Trump banaliza sobre el derecho internacional y se jacta de obedecer solo a su propia moralidad
Entre líneas Está tan desatado que Trump no tiene problemas en asegurar que el único control al que se somete es su propia moralidad. Unos valores que hasta el momento no han impedido deportaciones, genocidios o encarcelamientos a dedo.

No hay ley o tratado internacional que frene a Donald Trump, porque el presidente de los Estados Unidos sólo se rige por su moralidad. Él mismo lo reconoce públicamente en una entrevista en The New York Times cuando le preguntan sobre si existe algún tipo de control al que se someta o un límite a su poder.
"Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es la única cosa que me puede parar (...). No necesito el derecho internacional. No busco hacer daño a la gente", dijo el mandatario a los periodistas del Times, preguntado por si hay "controles" a su poder. Pero la ristra de fallecidos, heridos, deportados, encarcelados o simplemente vejados que deja Trump es interminable.
Además, el presidente de EEUU responde con matices a si cree que su Gobierno debe cumplir el derecho internacional en la escena global: "Sí, lo creo. Pero depende de cuál sea tu definición de derecho internacional".
La entrevista, que tuvo lugar el miércoles por la noche en el Despacho Oval y duró unas dos horas, aborda numerosos temas y ha sido troceada por temas para su publicación por ese medio.
Entre otras cosas, el presidente no especifica si da más prioridad a hacerse con Groenlandia o preservar la OTAN, pero lo considera una "elección" y deja entrever que la alianza no tiene fuerza sin EEUU. En ese sentido, defiende que la "propiedad es muy importante", en referencia al territorio danés, y argumenta que poseerlo es lo que cree "psicológicamente necesario para el éxito". "Creo que la propiedad te da algo sin lo que no puedes vivir, estás hablando sobre un alquiler o un tratado. La propiedad te da cosas y elementos que no puedes obtener solo por firmar un documento", apostilló.
Considera que el imperialismo es "psicológicamente necesario para el éxito". Y claro, comprar o invadir un país, derrocar a sus líderes y expropiar sus riquezas... sí entra dentro de su moralidad.
Una moralidad a su medida en la que tampoco encuentra reparos a expulsar a los gazatíes para construir "La Riviera" de Oriente Medio en la Franja de Gaza. Es la moralidad del dinero. Todo lo que implique hacerse más rico, tener más poder o más reconocimiento mundial entra en su esquema. Un plan en el que el fin siempre justifica los medios.