Las llamas siguen devorando Siberia y las cifras son aterradoras: casi cuatro millones de hectáreas de bosques, una extensión equivalente a la de Suiza, que no paran de arder.

Se ha declarado el estado de emergencia en tres regiones rusas y la incorporación del ejército ha logrado los primeros resultados: 80 incendios controlados de los cerca de 400 focos que han llegado a registrarse.

Las temperaturas superiores a los 30 grados complican aún más la extinción. "El pronóstico es bastante preocupante. No esperamos lluvias que cambien significativamente la situación", explica Alexei Bogdanov, portavoz del Ministerio de Emergencias.

Cerca de 600 poblaciones rusas han quedado cubiertas por el humo. De momento no ha salido de Rusia, pero puede verse desde el espacio; emite tantas toneladas de CO2 como 36 millones de coches en un año, una auténtica catástrofe ecológica que también afecta al Ártico.

"Todo el carbón negro que se genera hace que llegue más radiación solar y la fusión del hielo se acelera, con lo cual se agrava el deshielo del Ártico", dice Mónica Parrilla, responsable de campaña de incendios de Greenpeace.

Después del dióxido de carbono, el negro del carbón generado por los incendios es el segundo factor que más contribuye al cambio climático; los expertos temen que puedan permanecer activos durante meses.