Mariya Vladimirovna y Katerina Tíjonova, las dos hijas de Putin, están entre los nuevos sancionados de Estados Unidos. En coordinación con el G7 y la Unión Europea, el Gobierno de Biden ha anunciado que ambas tendrán prohibido salir de Rusia y que sus activos fuera de este país quedarán congelados.

Poco se conoce de las dos hijas del mandatario ruso, que han sido sancionadas en consecuencia de la invasión de Ucrania, ordenada por el Kremlin el pasado 24 de febrero.

Ellas son el gran tesoro a guardar de Putin. Cambian de nombre, de residencia y ni siquiera en Rusia se sabe con certeza quiénes son y a qué se dedican.

La mayor de ellas, Mariya está casada con un empresario holandés y vivió durante una temporada en Países Bajos, en un lujoso ático de dos pisos y cinco habitaciones, valorado en 2 millones y medio euros. Es empresaria y ahora reside en un rascacielos de Moscú.

De Katerina, la pequeña, se sabe que renunció al apellido de su padre y, en la actualidad, es vicerrectora de la Universidad de Moscú, donde trabaja como investigadora en el departamento de Inteligencia Artificial. Además, es vicepresidenta de una petrolera rusa. Se estima que su patrimonio podría superar los 2.000 millones de dólares. Ella está divorciada y se sabe, asimismo, que en su juventud fue bailarina acrobática y consiguió varios premios.

Ahora sus misteriosas vidas, rodeadas por el lujo y los secretos, podrían verse afectadas por las consecuencias de la invasión que su padre ha ordenado en Ucrania y que está suponiendo una auténtica masacre entre la población civil.

Estas sanciones también afectan a la esposa y la hija del ministro de Exteriores, Sergei Lavrov, y a miembros del Consejo de Seguridad ruso, incluido el expresidente Dimitri Medvedev y el actual 'premier', Mijail Mishustin.