Rusia recrudece su ataque a Kiev. Las explosiones se han vuelto a escuchar durante toda la noche en la capital de Ucrania. Es el tercer día de bombardeos en la ciudad, donde las alarmas antiaéreas llevan sonando con fuerza desde el pasado 24 de febrero y los residentes se encuentran bajo un estricto toque de queda. Desde este martes y hasta el jueves, los kievitas solo pueden salir a la calle para acudir a un refugio o si necesitan hacerse con medicamentos o comida.

Según el servicio estatal de Emergencia ucraniano (SES), varios misiles han caído sobre el barrio residencial de Shevchenkovsky, provocando enormes columnas de humo que son visibles a kilómetros de distancia. Las autoridades ucranianas aún no han cifrado el número de víctimas, aunque han alertado del derrumbe de un edificio residencial de 12 plantas y de otra construcción adyacente de 9 pisos. El pasado lunes tres personas murieron a causa de los bombardeos rusos y durante el día de ayer se acabó con la vida de otros cuatro residentes, además de producirse un ataque contra una fábrica de armas ucraniana en la capital.

En la asediada Mariúpol, gran ciudad de la costa ucraniana, las bombas rusas han alcanzado el teatro de la localidad, que servía de refugio a más de 1.000 ciudadanos, según han informado fuentes municipales. El edificio ha quedado reducido a escombros y por el momento se desconoce una cifra oficial de víctimas. Tras el bombardeo, el acceso a la zona ha sido imposible porque se ha desarrollado una batalla en sus calles.

Tras varios días intentando sitiar Kiev por diferentes frentes, esta tercera semana de guerra el Kremlin ha conseguido alcanzar objetivos clave para su ofensiva en Ucrania. Además de los bombardeos en la capital y Jarkóv, esta misma noche las tropas rusas han arrancado su ofensiva en Odesa, 'la joya del Mar Negro', un lugar estratégico por su posición y por su historia, ya que es considerada el lugar de nacimiento de la Unión Soviética.

Los intentos por sitiar Odesa se repiten desde el comienzo de la invasión. Las autoridades de la ciudad e incluso los propios ciudadanos esperaban bombardeos inminentes, y sospechaban que serían desde el mar. Las barricadas de arena, las construcciones anti-tanques y los militares ucranianos ocupaban las calles a la espera de las tropas de Putin. Según el Gobierno ucraniano, la mayoría de los soldados que están apostados con sus armas para defender la ciudad en caso de que entren las tropas rusas no superan los 25 años.

También al sur, Zaporiyia, cuya central nuclear está bajo control ruso desde hace más de una semana, también ha sufrido su primer bombardeo civil. En concreto, un misil ha impactado contra la estación de tren de la ciudad. Muy cerca, en Nikopol, también han caído los primeros misiles desde que arrancó la invasión; y otro misil ha acabado con la vida de diez personas que hacían cola para comprar el pan en la sitiada ciudad de Chernígov.

Además, Ucrania denuncia que unas 400 personas están siendo retenidas en un hospital de Mariúpol. Entretanto, algunos de sus habitantes han podido huir mediante un corredor humanitario por primera vez desde que fue sitiada. Al menos 20.000 personas han logrado salir de la ciudad, que carecía de agua potable y electricidad desde hace más de dos semanas. Aún así, Rusia insiste en su control por el sur, y confirmó este martes que ya domina toda la región de Jersón.

Mientras, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha sugerido que todavía hay alguna razón para ser optimista y que las negociaciones aún podrían dar lugar a un acuerdo con el gobierno ruso. Aunque ha pedido más armas y más sanciones para castigar a Rusia y "cerrar los cielos sobre Ucrania a los misiles y aviones rusos".

Según los datos de la ONU, alrededor de 3 millones de personas han huido de Ucrania, casi la mitad de ellos niños. Unos 1,8 millones de refugiados se encuentran ahora en Polonia, mientras que 300.000 ya estarían en Europa occidental.