La Justicia de Austria ha llevado a cabo este miércoles registros en la sede del Partido Popular Austríaco (OVP) del canciller, Sebastian Kurz, y en varios despachos de la Cancillería, en el marco de una investigación por presuntos delitos de corrupción.

En concreto, Kurz está acusado de incitar al pago de sobornos, mientras que varias personas de su círculo más cercano están acusados del pago de los mismos, entre los que destacan, entre otros, sus estrategas de medios de comunicación Johannes Frischmann y Gerald Fleischmann, ha informado la prensa austríaca. En las redadas, los investigadores se han incautado de teléfonos móviles y dispositivos electrónicos.

Este caso aparentemente no está relacionado con la investigación del 'Ibiza affair' o 'Ibizagate', un escándalo de corrupción detectado en el seno de la coalición gubernamental de los conservadores del canciller, que actualmente se encuentra en la Cumbre de la UE en Eslovenia.

Esta investigación está relacionada con unas encuestas que supuestamente encargó el Ministerio de Finanzas de Austria en las que Kurz y el Partido Popular Austríaco salían favorecidos y que aparecieron en un grupo de medios del país, según ha informado 'Die Presse'.

Los investigadores creen que la cartera de Finanzas desvió dinero para los sondeos que, a juicio del fiscal, estaban "exclusivamente motivados para el avance político del partido". Su publicación en el grupo mediático estuvo acompaña de una cooperación publicitaria de más de 1,1 millones de euros. El grupo mediático rechaza las acusaciones.

Se da la circunstancia de que el canciller austriaco participó el pasado fin de semana en la convención del PP. "Gracias por su apoyo a Sebastian Kurz, y por reconocerme ser una voz fuerte en Europa", escribía Pablo Casado tras la intervención de Kurz a través de un vídeo.

 

No es el único invitado a esta convención que se ha visto rodeado por polémicas días después de su participación. Uno de los ejemplos es Vargas Llosa, que aparece en los Pandora Papers por gestionar a través de una sociedad offshore sus derechos de autor tras recibir el Premio Nobel. Otro es el de Sarkozy, condenado por corrupción horas después de participar en el evento.