Su gran preocupación

Ni el ICE ni la política exterior, Trump estalla ante la amenaza a su gran proyecto político: la reforma del salón de baile de la Casa Blanca

Los detalles El presidente de EEUU considera "ridículo" que un juez considere una demanda del Fondo Nacional para la Preservación Histórica que busca frenar la nueva construcción.

Donald Trump.
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Mientras en Minneapolis la gente sale a protestar contra la presencia del ICE, que ya ha asesinado a dos personas, la máxima preocupación de Donald Trump es algo muy diferente: la reforma del nuevo salón de baile de la Casa Blanca.

El presidente estadounidense ha reaccionado claramente enojado a la decisión de un juez de considerar una demanda del Fondo Nacional para la Preservación Histórica para frenar la nueva construcción. Trump ha estallado con un mensaje de 448 palabras en su red social Truth, donde asegura que es "demasiado tarde" y que "detener la construcción, a estas alturas, sería devastador para la Casa Blanca".

Lejos de que le importen los bailes, se sabe que a Trump siempre le ha gustado aparentar y quiere que ese salón sea una muestra de poder para los "grandes invitados" que lleguen a la Casa Blanca.

Asegura que la construcción está "va más adelantada de lo planeado y por debajo de lo presupuestado" y que está creando "uno de los salones de baile más grandes y hermosos del mundo" sin ningún coste para los contribuyentes.

Según ha esgrimido, el presupuesto de más de 300 millones de dólares proviene "de la ayuda de los grandes patriotas estadounidenses" que ha donado sin ningún beneficio económico.

"Estoy trabajando estrechamente, desde el principio, con las Fuerzas Armadas y el Servicio Secreto de los Estados Unidos. Este es un REGALO (¡sin fondos públicos!) a los Estados Unidos de América para un espacio que se necesita desesperadamente", afirma en su mensaje de Truth.

Demoniza a los demandantes

El republicano ha tachado de "ridícula" la demanda y en la publicación de Truth ha esgrimido que, gracias a la reforma, la Casa Blanca ya no se verá "obligada a usar una 'carpa' barata e insegura para grandes e importantes eventos de Estado. En un césped de la Casa Blanca muy húmedo y sujeto a las inclemencias del tiempo".

El ostentoso salón de recepciones está llamado a ser el doble que la propia residencia presidencial, a pesar de que los historiadores recuerdan que esa sede buscaba ser bastante humilde y sin oropeles, en la línea de la Revolución Americana, justo lo opuesto de lo que quiere Trump.

Más allá de la publicación en Truth, Trump también ha aprovechado cualquier intervención para dejar clara su opinión de los preservacionistas que quieren frenar su gran proyecto, colmándoles de descalificaciones: desde llamarles rojos radicales a obstruccionistas o alborotadores.

Elaine K. Mark, directora de Eficiencia Pública del Instituto Brooklings y exempleada de la Casa Blanca, ha criticado que "lo peor" de la reforma del salón es que Trump "la ha hecho saltándose el procedimiento habitual" porque "piensa que la ley no se le aplica".

Además, ha cuestionado de dónde salen los fondos. "¿Alguien se cree que no van a querer nada a cambio de todos esos millones?", se ha preguntado. Los críticos lo consideran un capricho que apesta a corruptela y que, una vez más, evidencia que su apuesta es reescribir la historia.

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