Francia ha demostrado una vez más que, ante las desgracias, es un pueblo unido. Así se han mostrado los ciudadanos del país galo ante un nuevo infortunio que marcará la historia de la nación: el incendio de la histórica catedral de Notre-Dame.

Si bien el mundo entero, a través de las redes sociales y en representación de los dirigentes políticos, ha mostrado sus condolencias frente al devastador fuego que ha asolado la catedral, también los propios franceses se han mostrado apoyo mutuo ante esta tragedia contra uno de los símbolos más importantes del país.

 

Así, muchos ciudadanos se han reunido en los alrededores de la catedral donde acechaba el fuego para rezar por su Notre-Dame, clamando al cielo que se extinguieran pronto las llamas que destruían todo lo que se encontraba a su paso.

Entre oraciones, también han sonado canciones y vítores a modo de homenaje a un templo que ha sido corazón y alma de París desde su construcción, iniciada en 1163 y completada en 1345. Pero no todas las miradas y tributos han estado dirigidas al templo.

 

Los bomberos encargados de las labores de extinción del fuego propagado por Notre-Dame han sido tratados a lo largo de toda la tarde y la noche como héroes, y han recibido múltiples aplausos de los ciudadanos, agradecidos por su incansable lucha contra las llamas para salvar Notre-Dame del incendio.