Capilla de San Jorge, Castillo de Windsor. Ha sido el lugar elegido para dar un último adiós al príncipe Felipe de Edimburgo, el conde que ha provocado la unión alrededor del recuerdo de su figura en el momento más delicado en décadas para la monarquía británica.

La ceremonia ha estado cargada de respeto, pulcritud y cuya única nota fuera del estricto protocolo ha sido un llamativo Land Rover que fue modificado por el propio Felipe. Por primera vez, fue su presencia, su recuerdo, el que lideró la fila de la familia real.

Por detrás, la reina Isabel II, que viajaba sola en un Bentley con un rostro visiblemente afligido. Esa imagen, que vale más que mil palabras, refleja la nueva etapa que se abre a partir de ahora. Otra imagen fue la de los hermanos Harry y Guillermo, juntos pero no revueltos, que fueron grabados hablando de forma cordial tras la ceremonia.

Al llegar el féretro a la capilla, que ha sido llevado por ocho infantes reales de la Marina, se ha guardado un minuto de silencio nacional que ha paralizado todo durante unos instantes. Ha sido en pleno avance, en plena subida de las escaleras. Después, tocaba seguir.

Ya en la Capilla de San Jorge, 30 personas han dado un íntimo adiós al duque de Edimburgo, una ceremonia marcada, como todo, por la pandemia de coronavirus, habiendo -muchos- más miembros de seguridad que miembros de la casa real británica.

Todo se ha hecho respetando los últimos deseos del duque de Edimburgo, que eligió que su ceremonia fuese exactamente así, incluso la presencia de sus caballos favoritos: 'Balmoral Nevis' y 'Notlaw Storm'.

Fuera de ese recinto en el que el tiempo se ha parado se ha podido ver a decenas de curiosos que no han podido evitar la curiosidad de presenciar, aunque fuese de lejos, ese histórico momento de la realeza británica.

También se ha podido ver a una protestante que ha gritado 'Salvad el planeta' a las afueras del Castillo de Windsor, una mujer sin camiseta que ha sido detenida por las autoridades.

Ahora, con este adiós ya otorgado merecidamente a una figura trascendental, la monarquía abre una nueva etapa con heridas abiertas que este evento puede haber ayudado a cerrar.