Ecuador celebra la primera reunión entre Lenín Moreno y el movimiento indígena, tras nueve días de intensa lucha en las calles. El presidente ha avanzado a través de su cuenta de Twitter que se compromete a revisar el decreto que suprime la subvención a los carburantes como piden los indígenas.

Una medida que desencadenó la oleada de protestas que han sido duramente reprimidas y que han dejado cinco personas muertas.

 

Sin embargo, y a pesar del toque de queda ordenado por el Presidente Lenín Moreno, Ecuador has seguido sonando con el ruido de la cacerolada de quienes no pueden protestar en las calles.

"No podemos salir a las calles, estamos reprimidos por un régimen dictatorial, fascista. Es la única manera que encuentro de poder protestar, hacer una voz, un sonido", defendía una vecina.

Quito parecía una ciudad fantasma. Las carreteras, todavía en llamas, eran vigiladas por las Fuerzas Armadas. La calma de la noche nada tenía que ver con los disturbios de horas antes. A pesar de que el movimiento índigena aceptara dialogar con el Presidente, la violencia no ha cesado.

Los manifestantes han incendiado una televisión local y un edificio gubernamental. El movimiento indígena se desmarca de estos actos y denuncia, al igual que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

El Presidente ecuatoriano ha apuntado de nuevo a los que, dice, son los culpables de las revueltas: "Fuerzas oscuras, vinculadas a la delincuencia política organizada, y dirigida por Correa y Maduro, en complicidad con el narcoterrorismo".

Una acusación que el expresidente, Rafael Correa, ha negado en diferentes ocasiones. "Son tan mentirosos que se contradicen ellos mismos. Decían que el correísmo estaba aniquilado, destruido... ahora resulta que desde Bruselas, con un Iphone, puedo dirigir manifestaciones a lo largo y ancho del país", indicaba el expresidente.