Un hombre grita su nombre al ser detenido por si le hacen desaparecer. Es la imagen de las protestas en Chile, que dejan ya 5.400 detenidos y 17 muertos, y recuerda a los tiempos más oscuros de la dictadura.

Ni el toque de queda, que no se respeta, ni la dura represión policial, evitan que se hayan tomado las calles, a pesar de que se haya decretado el estado de emergencia.

Una tensión social que pasa factura. "Hay mucho enfado, mucha rabia y mucha frustración, no va a ser fácil que dejen la calle", indica Rubén Martínez, español residente en Chile."No hay colegio, no hay trabajo, las tiendas están imposibles... cuatro horas de cola para comprar cualquier cosa", relata por su parte Pilar Quintela.

La situación afecta también a los 10.000 militares desplegados en todo el país. Uno de ellos no podía aguantar las lágrimas ante lo que veía y era consolado por los propios manifestantes.

Hay que lamentar ya 17 muertos en las protestas. Los dos últimos tras un atropello múltiple durante una cacerolada. El conductor, de 34 años y en estado e embriaguez, fue detenido.

Un país al borde del colapso ha llevado al presidente Sebastián Piñera a reconocer su error, cuando al principio aseguró estar en guerra contra los manifestantes. "Les pido perdón a mis compatriotas", ha dicho.

En su giro radical, ha anunciado también reformas de pensiones, salud o subidas salariales. Aun así, sigue convocada la huelga general para este miércoles.