De la ciudad ucraniana de Bucha no dejan de llegar pruebas de la destrucción que han dejado las tropas rusas a su paso. Una vez se han replegado los soldados y han abandonado la ciudad, el mundo ha podido ser testigo de los crímenes que allí se han cometido.

Uno de los últimos desgarradores testimonios que hemos conocido ha sido el de una anciana, que ha explicado a los medios cómo los militares rusos "violaban a niñas menores de edad, de ocho y diez años, y las mataban delante de los ojos de sus madres".

También son muy duras las imágenes de fosas comunes con cuerpos semienterrados, los cadáveres esparcidos por las calles y los cuerpos carbonizados encontrados en algunas zonas de la ciudad.

Cuerpos carbonizados tirados en la calle en Bucha

Todas estas muestras evidencian lo que allí ha ocurrido durante la invasión rusa, unos crímenes de guerra por los que la comunidad internacional pide al unísono que se investigue y se juzgue a Rusia.

Estos días, el periodista Mikel Ayestaran ha podido recopilar imágenes y testimonios de supervivientes del horror sufrido por sus vecinos. En una entrevista en El Intermedio, Ayestaran ha explicado que además de la gran fosa común que hay en la iglesia de San Andrés, "prácticamente cada barrio tiene la suya particular con los vecinos que han muerto y que no pudieron enterrar durante la ocupación".

Los últimos días antes de la retirada del ejército ruso, los solados fueron mucho más violentos. Así lo cuentan los testigos de la masacre, que recuerdan historias como la de Valentina, una mujer de 60 años a la que dispararon por la espalda mientras volvía de recoger agua.