Lejos de atisbar una salida, el conflicto se complica, y mucho, con la anexión de los territorios ucranianos de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporyia a Rusia. Una flagrante violación de la soberanía ucraniana que llega en plena guerra.

Sin garantías democráticas ni el reconocimiento internacional, estas regiones van a ser anexionadas unilateralmente por Rusia tras los referéndums falsos y sin tener el control completo del territorio.

Incluso así, Vladimir Putin amenaza: cualquier ataque a las nuevas regiones se considerará una agresión contra Rusia. El aterrador argumento que ya utilizó cuando se apropió Crimea en 2014.

Con estas declaraciones, "intenta legitimarse y también que la disuasión nuclear o la amenaza de uso de arma nuclear sea más creíble", ha explicado en Al Rojo Vivo Yago Rodríguez, director de 'The Political Room'.

Un órdago nuclear al mundo que abre una fase de gran incertidumbre, también para la población civil anexionada. Y es que si desde hoy son considerados rusos pueden ser llamados al frente.

Así lo reconoce Eduardo Saldaña, analista de El Orden Mundial: "Abre un dilema y un punto de inflexión en la guerra muy preocupante por la propia reacción y rompe todos los puentes para la paz".

Además, la anexión mata cualquier negociación de paz sobre la mesa al volar por los aires una de las líneas rojas de Zelenski, en un intento de los rusos de mostrar fortaleza y decantar la guerra a su favor.

Como indica Ruth Ferrero, profesora de Ciencia Política y Estudios Europeos en la Universidad Complutense de Madrid, esto le permite a Putin, de cara a la ciudadanía, "mostrar cómo está reconstruyendo esa nueva Rusia a la que aspira". Aunque en definitiva sea una cortina de humo para tapar contraofensiva exprés de Ucrania durante el verano.