Varios cientos de manifestantes han intentado sin éxito por la actuación policial, que ha cargado con gases lacrimógenos, derribar una estatua del expresidente de Estados Unidos Andrew Jackson en las inmediaciones de la Casa Blanca, mientras que el presidente, Donald Trump, les ha amenazado con "diez años de prisión".

Los manifestantes habían colocado ya cuerdas y cadenas en la estatua ecuestre cuando los policías dispersaron la protesta. La estatua de Jackson se erige en el parque Lafayette, epicentro de las protestas raciales en Washington por su ubicación, justo enfrente de la residencia que ocupa Donald Trump. Además de la de Jackson, en el parque hay estatuas del marqués de La Fayette, del conde de Rochambeau, del general polaco Tadeusz Kosciuszko y del barón prusiano von Steuben, todos ellos héroes de la independencia de Estados Unidos.

Los congregados han tratado de ocupar la zona verde para crear lo que han llamado una "zona autónoma Casa Negra", similar a la "zona autónoma de Capital Hill" en Seattle. Así, los manifestantes han pintado 'BHAZ', las siglas de 'Black House Autonomous Zone', en la Iglesia de San Juan, según ha infomado la CNN.

El parque Lafayette ya cobró protagonismo el pasado 1 de junio cuando policías dispersaron con cargas y gases a manifestantes pacíficos para que el presidente, Donald Trump, pudiera hacerse una fotografía con una Biblia en la mano frente a una iglesia cercana.

En este contexto, Trump, a través de su cuenta de Twitter, ha descrito las acciones de los manifestantes en Washington como "vergonzoso vandalismo": "Numerosas personas arrestadas en Washington por el vergonzoso vandalismo en el Parque Lafayette, la magnífica estatua de Andrew Jackson y la desfiguración exterior de la Iglesia de San Juan", ha trasladado el presidente, antes de señalar que estas acciones podrían comportar "diez años de prisión bajo la Ley de Preservación de Monumentos a los Veteranos". "¡Cuidado!", ha instado Trump.

 

Cuestionamiento del legado de figuras históricas

Muchas personas de todo Estados Unidos están cuestionando los legados de los fundadores del país y otras figuras históricas en el marco de las protestas del movimiento 'Las vidas negras importan' para criticar el racismo sistemático, revividas masivamente tras la muerte del ciudadano afroamericano George Floyd a manos de la Policía en Mineápolis a finales de mayo.

El principal objetivo de los manifestantes han sido los símbolos confederados -defensores de la esclavitud- que abundan sobre todo en los estados sureños, pero también han sido atacadas estatuas de los conquistadores españoles o de los "padres fundadores" de Estados Unidos.

Así, ciudades estadounidenses han retirado estatuas y monumentos que honraban a figuras confederadas, mientras que San Francisco ha retirado también su estatua de Cristóbal Colón tras una convocatoria para tirarla al mar. Albuquerque ha hecho lo propio con una estatua del conquistador español Juan de Oñate. Sin embargo, algunas de ellas están siendo derribadas y vandalizadas, como la de George Washington en Portland o la del general confederado Albert Pike también en la capital estadounidense.