Castigada por pensar: a sus nueve años, Harper se ha dado cuenta de que varios pasajes de su himno nacional le parecen una herencia racista postcolonial con la que no comulga y ante la que se niega a levantarse.

Una de las estrofas reza "adelante la Australia justa" y ella explica que c
uando la letra ensalza a 'los justos de Australia' se está refiriendo a gente blanca. El himno también habla de que son "jóvenes y libres" y ella apunta que "hablar de una nación joven y libre desprecia a los aborígenes, que estaban aquí mucho antes".

Harper defendió su derecho a la protesta silenciosa y tampoco quiso irse fuera durante el himno, como le mandaban. Una reivindicación razonable para sus padres, que no entienden tanto castigo y menos la tormenta política que ha desatado entre los conservadores.

"Vergüenza debería darle a sus padres utilizarla como un peón político, ¡deberían expulsarla si sigue comportándose como una malcriada!", apuntan algunas voces críticas, e incluso una diputada llegó a decir que a esta concienciada pequeña le habían "lavado el cerebro" y se merecía "una patada en el culo". Una muestra más de lo polarizantes e irracionales que pueden resultar los símbolos nacionales.