Para conseguir que la catedral esté igual que estaba antes del incendio lo primero y fundamental es evaluar los daños: ver si hay pilares y juntas quemadas o bóvedas demasiado afectadas.

El siguiente paso será afianzar la estructura. Aquí la clave está en las bóvedas que, de momento, han aguantado la embestida del fuego, pero el agua que se ha acumulado en ellas podría hacer que se derrumbasen.

"Son problemas de sobrecarga que el agua ha generado. Ha empapado las bóvedas y eso está aportando un peso considerable sobre la estructura gótica de la catedral", explica Javier Ramos, director de IA de la Escuela de Patrimonio Cultural.

Una vez afianzado, es el momento de reunir a los mejores especialistas en cada disciplina para evaluar diferentes proyectos técnicos. "Esto es un proyecto larguísimo. La intención es no dañar más la integridad que queda de este magnífico edificio", señala Iago Seara, arquitecto.

El primer paso será el interior, que ha quedado destrozado y lleno de escombros. "El plomo que liga los vidrios puede haberse deformado casi irreparablemente, es posible que haya que hacer moldes y estudiar vidriera por vidriera para conseguir su preservación", explica Pedro Ponce, arquitecto.

La cubierta será lo último. Estará hecha por completo de roble y cubierta de plomo o pizarra: un material que los expertos creen que volverán a utilizar, porque es el más idóneo. También apuestan a que los arquitectos encargados decidirán ser fieles a la estructura del siglo XIX.

"Hay planos de la última parte del siglo XIX y saben perfectamente cómo era y es muy fácil, porque está todo medido y dibujado, volverla a hacer como era", señala Ramos. Consideran que la carga emocional e histórica de Notre-Dame es tal que no se merece ningún tipo de versión moderna.