Alexander Schallenberg ha jurado este lunes como canciller de Austria, después de la dimisión el sábado de Sebastian Kurz por su implicación en un escándalo de corrupción. Junto a Schallenberg, el exembajador en Francia Michael Linhart ha tomado posesión como ministro de Exteriores, lo que pone fin a la crisis desencadenada en el seno del Gobierno austriaco --coalición del Partido Popular Austríaco (OVP) y Los Verdes-- tras hacerse públicas las acusaciones contra Kurz.

El presidente de Austria, Alexander Van der Bellen, ha participado en la ceremonia y ha elogiado la figura del nuevo canciller como la de "un europeo convencido, lo que es bueno" para el cargo. De Linhart ha señalado que "no está sorprendido" de que sea el nuevo ministro de Exteriores, dada su experiencia diplomática. A juicio de Van der Bellen, el nuevo Gobierno tiene la "gran responsabilidad de restaurar la confianza" y ha advertido de que "las palabras por sí solas no serán suficientes", ha recogido el diario 'Der Standaard'.

"Los desafíos a los que nos enfrentamos no se pueden retrasar: la pandemia no ha terminado", ha incidido, antes de enumerar también retos en materia de mercado laboral, educación, ciencia, la posición de Austria en Europa y el mundo y "el mayor desafío de nuestro tiempo", el cambio climático. Por su parte, en una comparecencia tras la ceremonia, Schallenberg ha anunciado que planea trabajar en estrecha colaboración con Kurz, al tiempo que ha considerado que las acusaciones que pesan sobre él son "incorrectas". "Por supuesto que trabajaré muy de cerca con Sebastian Kurz.

Para Schallenberg "no era una opción" no aceptar el cargo de canciller y clama por la "responsabilidad y estabilidad"

Cualquier otra cosa sería absurda en términos de política democrática", ha afirmado. De forma paralela, ha asegurado que "no era una opción" no aceptar el cargo de canciller y ha señalado que lo que Austria necesita es "responsabilidad y estabilidad", algo que se ha comprometido a "garantizar". "Tomo mi nuevo papel como canciller con gran respeto por los desafíos que me esperan. Puedo asegurarles que haré todo lo posible para servir a nuestro hermoso país", ha señalado el nuevo canciller a través de su cuenta en la red social Twitter. Kurz también se ha pronunciado en la misma red social y ha especificado que el paso de Schallenberg al asumir la Cancillería "garantiza estabilidad en el país".

"Ese era mi objetivo en esta difícil situación", ha afirmado, antes de asegurar que apoyará al nuevo Gobierno austriaco. Asimismo, ha señalado que "no es un canciller en la sombra". Schallenberg y el líder del partido de Los Verdes, Werner Kogler, sellaron este domingo en una reunión la continuidad del Gobierno de coalición bipartito. Con su toma de posesión, Schallenberg ha anulado el riesgo de moción de censura, que tenía ya programada la votación para el martes.

La oposición ya carga contra el nuevo canciller

Los partidos de la oposición han censurado las palabras de Schallenberg. El secretario general del Partido de la Libertad, Michael Schnedlitz, ha señalado que "cualquiera que pensara que cuando Schallenberg tomara posesión también habría un cambio de dirección dentro del OVP ha quedado decepcionado después de solo unos minutos". "El nuevo canciller resulta ser un sirviente de su amo", ha zanjado. "Esto no me suena como un nuevo comienzo", ha lamentado la líder de NEOS - La Nueva Austria y Foro Liberal, Beate Meinl-Reisinger, que ha rechazado que Schallenberg "aparentemente pretende fingir que no ha pasado nada".

La investigación contra Kurz está relacionada con unas encuestas que supuestamente encargó el Ministerio de Finanzas de Austria en las que Kurz y el Partido Popular Austríaco salían favorecidos y que aparecieron en un grupo de medios del país. Los investigadores creen que la cartera de Finanzas desvió dinero para los sondeos que, a juicio del fiscal, estaban "exclusivamente motivados para el avance político del partido". Su publicación en el grupo mediático estuvo acompañado de una cooperación publicitaria de más de 1,1 millones de euros. El grupo mediático rechaza las acusaciones.

Kurz está acusado de incitar al pago de sobornos, mientras que varias personas de su círculo más cercano están acusadas del pago de los mismos, entre los que destacan, entre otros, sus estrategas de medios de comunicación Johannes Frischmann y Gerald Fleischmann. Como consecuencia del escándalo, Los Verdes, socio minoritario del Gobierno de Kurz, pidieron su dimisión, lo que finalmente se materializó el sábado, aunque Kurz continuará como presidente del OVP y portavoz de su grupo parlamentario, por lo que en medios austriacos consideran que se mantendrá como "canciller en la sombra".